Lehman Brothers
Lehman Brothers ARCHIVO

Resistió a la Gran Depresión de 1929 pero no a la tormenta de la crisis del crédito. El 15 de septiembre de 2008, el gigante financiero Lehman Brothers protagonizó la mayor quiebra en Estados Unidos desde 1990, en lo que parecía el anuncio del colapso sistema financiero mundial.

Ese día, el que era el cuarto banco de inversiones hacía pública su bancarrota y declaraba un pasivo de 613.000 millones de dólares y activos de más de 690.000 millones. El descalabro de este imperio financiero aparecía así ante el mundo como la punta del iceberg de un sistema a punto de resquebrajarse. Como la metáfora de un orden a las puertas de descomponerse.

El agujero de este icono de Wall Street encerraba una gestión poco transparente. Al parecer los responsables del banco habían maquillado sus cuentas para esconder a inversores, entidades reguladoras y agencias de calificación, el mal estado de la compañía.

La crisis subprime

Pero detrás del fracaso del gigante americano, se escondía un mecanismo errático e imbricado: la llamada crisis de las hipotecas subprime o hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos.

Tras el fracaso, un mecanismo errático e imbricado: la crisis de las hipotecas subprime La ruina del mecanismo llegó tras un contexto de bonanza económica, en el que el aumento de los créditos hipotecarios y el ansia de los bancos por hacer crecer su mercado llevó a los consumidores a disponer de créditos discordantes con sus niveles de renta. El resultado fue una escalada del precio de la vivienda que, sumada a la especulación en torno a la compra-venta de estos bienes, hizo pensar a los agentes implicados que las posibilidades eran infinitas.

Nada más lejos de la realidad. Porque, en 2007, un año antes de la caída de Lehman Brothers, el mercado inmobiliario evidenció signos de agotamiento. Y la burbuja especulativa, asociada a esos activos, reventó.

En agosto de ese año, la Reserva Federal inyectaba unos 100.000 millones de dólares en el sistema bancario, en un intento desesperado por evitar lo inevitable: que la crisis saltara de la esfera de las grandes finanzas a la economía real.

Turbulencias a ambos lados del 'charco'

Cuatro años después, no solo Estados Unidos ha vivido en un escenario económico turbulento. La crisis financiera ha mostrado a Europa como un continente en dificultades, donde tres países (Irlanda, Portugal y Grecia) han tenido que pedir un rescate a sus socios de la Unión Europea (UE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI) a causa de la mala salud de sus cuentas, y donde otro posible candidato, España, está en el punto de mira.

El precio del auxilio de Bruselas, también en el caso de España (donde el Gobierno de Rajoy no ha aclarado todavía si pedirá formalmente el rescate del BCE), ha sido la aplicación de medidas de las llamadas "reformas estructurales" o recortes, además de subida de impuestos o bajadas salariales, entre otros ajustes.

La situación en la otra orilla, en Estados Unidos, no es mucho más halagüeña, donde colea la crisis más profunda y duradera desde los años 30.

El ciclo no se cierra en Estados Unidos: la Reserva Federal anuncia una nueva inyección de liquidez Precisamente, esta semana, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, anunciaba una nueva inyección de liquidez para impulsar la economía y prolongar hasta mediados de 2015 su compromiso de dejar los tipos de interés a niveles excepcionalmente bajos, entre el 0% y el 0,25%. Un plan de estímulo que supondrá la compra de títulos respaldados por hipotecas por valor de 40.000 millones de dólares al mes" sin fecha límite.

En la mente de Bernanke, el desempleo, que lleva ya 43 meses consecutivos por encima del 8%, una tasa que se situará a finales de año entre el 8% y el 8,2%, según las últimas previsiones de la Reserva Federal.

Tampoco las previsiones de crecimiento hacen pensar que la economía estadounidense vaya a cerrar en seguida el ciclo, ya que el organismo redujo también esta semana a entre el 1,7% y el 2% su proyección de crecimiento del producto interior bruto (PIB) para el 2012, frente al entre 1,9% y 2,4% previsto en junio.

Los datos sí mejoran, sin embargo, para el próximo año y la economía podría crecer, según sus cálculos, un 3%, frente al 2,5% previsto inicialmente.