Los fantasmas de la piqueta ven la luz

El vallisoletano Juan Carlos Urueña reconstruye con ordenador los edificios desaparecidos y los integra en su ubicación actual.
A esta torre de la catedral se la conocía como La Buena Moza antes de desplomarse en 1841, tras sufrir el efecto de varios terremotos.(Montajes de Juan Carlos Urueña)
A esta torre de la catedral se la conocía como La Buena Moza antes de desplomarse en 1841, tras sufrir el efecto de varios terremotos.(Montajes de Juan Carlos Urueña)
Dicen que los fantasmas son almas de personas que, al morir en extrañas circunstancias, han dejado una tarea sin terminar y vagan hasta acabarlo. Si esta teoría se extendiera a los edificios, Valladolid estaría plagado de espectros de palacios y conventos devastados. Algunos de ellos los ha capturado Juan Carlos Urueña y los ha plasmado en un libro y una exposición.

No es que haya cogido una cámara especial para sacar fantasmas. Este dependiente de Braun, de 43 años, empezó hace un lustro a buscar imágenes antiguas de los inmuebles desaparecidos y con su ordenador consiguió recrear los edificios víctimas de la piqueta y colocarlos en el lugar que ocuparían hoy.

En total, 28 recreaciones de lo que hubo algún día en la ciudad y se cargaron entre el desarrollo, la invasión francesa y las desamortizaciones religiosas.

El libro Rincones con fantasma se completa con montajes de fotografías antiguas sobre instantáneas más recientes, en las que se comprueban los cambios de la fisonomía de Valladolid.

La exposición: Casa Revilla. Hasta el 29 de octubre, de 12.00 a 14.00 y de 18.30 a 21.30 h. El libro: Rincones con fantasma cuesta 12 euros.

Seríamos como Florencia

Algunos historiadores han llegado a afirmar que si se hubieran conservado los grandes palacios y conventos que había en Valladolid, nuestro casco histórico sería comparable con el de Florencia. Según las estimaciones de Juan Carlos Urueña, queda en pie un 20% de lo que existió. Uno de los lugares que le gustaría recrear es el entorno de la catedral y la Antigua, pero no existen imágenes ni grabados de lo que existió. Entre las obras que ha rescatado de la memoria, una de las que más le llama la atención fue el monasterio de los Trinitarios, que llegaría desde el convento de San Joaquín y Santa Ana hasta Doctrinos.

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