Un oasis dentro del hospital

Las dos aulas hospitalarias de la ciudad (una en el Clínico y otra en el Río Hortega) acogieron el curso pasado a 904 niños de tres a 16 años.
Estos coles especiales se crearon en el año 1985 en el Clínico. (Pablo Elías).
Estos coles especiales se crearon en el año 1985 en el Clínico. (Pablo Elías).
Una sola puerta separa dos mundos: el de las inyecciones y enfermedades y el de la diversión y el aprendizaje. En la pequeña escuela del Clínico, todos se olvidan de que están en un hospital, sólo lo recuerda la bata blanca de la profesora y los pijamas azules de los alumnos, nada más. «Queremos que el menor recupere su rol de escolar», declaró su encargada, Milagros León.Durante el curso pasado, 904 niños estudiaron en las dos aulas hospitalarias de la ciudad, en el Clínico y en el Río Hortega. La media es de ocho y diez escolares en clase y su edad va de los tres a los 16 años, una característica que dificulta un poco más el día a día. «Nos organizamos en grupos para unificar la materia», reconoció León.

Pequeños ayudantes

Uno de los aspectos más llamativos, según la profesora, es comprobar cómo los mayores se involucran en la educación de los pequeños y les ayudan en sus tareas.

Matemáticas y lengua son las asignaturas en las que más se incide en el aula, en la cual el niño puede estar desde una semana hasta más de un mes, pero no son las únicas. La lectura y los ordenadores con Internet también están presentes. «Los libros ayudan a pasar muchos ratos de aburrimiento y con las nuevas tecnologías hemos podido hacer  videoconferencias con otras clases», informó.

Actividades artísticas

Además de aprender, los niños también pueden fomentar su creatividad tanto literaria, creando sus relatos, como artística, con manualidades y visitas virtuales a museos. «En las fechas especiales hacemos otras cosas. En carnavales se disfrazan y en Navidad hay un teatro en el que participa el personal de la planta, los padres y los menores», añadió.

No hay nada comprobado, pero la experiencia hace casi afirmar que esta escuela puede acelerar la cura. «Hay dolencias en las que todo esto sirve de estímulo». Para los padres también es una gran ayuda. «Saben que durante las horas de clase, las mismas que en el colegio, sus hijos están cuidados», finalizó.

Apoyo domiciliario

El trabajo desarrollado aquí termina cuando el niño recibe el alta. Pero, ¿y si el menor aún no puede acudir al colegio? En ese caso comenzaría a funcionar un equipo de atención domiciliaria que se encargaría de ayudar en las tareas educativas allá donde viva el enfermo.

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