Viggo Mortensen
El actor Viggo Mortensen. JORGE PARÍS

Lleva toda la mañana de promoción, pero no le importa alargar la entrevista para contestar alguna pregunta más. Así es el educadísimo Mortensen, que hace uno de sus trabajos más complejos en Todos tenemos un plan.

Su primera película argentina.
No busco un tipo específico de película, ni un género, ni un presupuesto... Veo qué pasa, qué ocurre, qué me llega. Pero hay que tener suerte en la vida, y la tuve: me crucé en Buenos Aires con Ana Piterbag, la directora, y me pasó el guión.

Y le gustó.
Lo leí sin esperar nada, porque los guiones suelen ser regulares o malos, pero me sorprendió: estaba muy bien escrito, así que me puse en contacto con ella e intentamos sacar el proyecto adelante.

Porque también es productor.
Sí. Quería participar en el proceso creativo pero, sobre todo, ayudar a promocionar la película en distintos países y mercados.

No me planteo mucho las cosas... Siempre que he hecho planes se han ido al carajo ¿Se le coge más cariño a algo así que a una superproducción?
Las películas pequeñas e inclasificables, que desafían y premian al espectador, precisan de más cariño, porque no tenemos detrás la maquinaria de un gran estudio de Hollywood.

¿De dónde sale el Mortensen tan turbio de la película?
Incluso los más tranquilos y buenos tienen un lado oscuro, el potencial de pensar, imaginar y hacer cosas horribles, y yo siempre busco puntos comunes para relacionarme con el personaje. Además, siempre me pregunto qué les pasa a mis personajes, desde la cuna hasta que empieza el guión.

¿Qué le pasa a España?
Es duro. Me llama la atención que mucha gente que vino se está volviendo a sus países, porque aquí no hay trabajo.

También los españoles tienen que irse, cuando muchos protestaban por la inmigración.
Sí, y no es la primera vez: principios del siglo xix y del xx, la Guerra Civil, la época de Franco... Es un ir y venir que culturalmente ha marcado a mucha gente a ambos lados del océano. Una marea que va y viene.

¿Hacía dónde va España?
No lo sé, pero no era obligatorio hacer recortes tan brutales. Los avances cotidianos, el apoyo al cine o las artes son difíciles de conseguir. Exigen mucho esfuerzo, muchos años, pero se desarman muy rápido y luego es difícil reconfigurarlo todo. Y no es algo que afecte solo a los artistas, sino también a la cultura en general, a la educación... Conectar España con el resto del mundo es importante, ha costado mucho, y ahora está en peligro.

¿Qué consiguen, entonces, todos esos recortes?
Afectar a la cultura, a la sanidad, al transporte, subir los impuestos... No es algo que ocurra solo aquí, pasa también con Obama en EE UU y permite salir airosos a los banqueros y a los millonarios.

Hasta que la gente diga basta...
Ya está ocurriendo. El tema es que lo haga más gente para que los que mandan y toman decisiones complicadas tengan que reconsiderar todo lo que están haciendo. Es cuestión de tiempo que ocurra.

Todos tenemos un plan... ¿Cuál es el suyo?
No me planteo mucho las vacaciones, cómo irá una relación... Casi siempre que he hecho planes se han terminado yendo al carajo.