Lula faltó en la noche del jueves al debate que emitió la poderosa red Globo para una audiencia estimada de más de 40 millones de personas, en el que sí participaron sus principales rivales en la disputa por la presidencia brasileña.

El mandatario, favorito para ser reelecto en la votación del domingo, alegó que sus adversarios pretendían convertir el debate en 'una arena de groserías y agresiones', por lo que prefirió ausentarse y cerrar su campaña ante miles de seguidores en el municipio paulista de Sao Bernardo do Campo, su cuna política.

En el estudio de televisión, el médico socialdemócrata Geraldo Alckmin, el economista e ingeniero de izquierda moderada Cristovam Buarque, y la senadora socialista Heloísa Helena, coincidieron en hacer feroces cuestionamientos a Lula, al que acusaron de corrupto.

'Quiero, al igual que los otros candidatos, repudiar la ausencia del presidente Lula. El tenía la obligación de descender de su trono de corrupción', dijo una beligerante Helena, expulsada del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) en 2003 por oponerse a las políticas económicas liberales del mandatario.

Lula 'no está aquí porque no tiene autoridad moral para enfrentarme. El presidente precisa ser desenmascarado: comanda una organización criminal', agregó la indómita senadora, ahora candidata por el novel Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Alckmin, según sondeos el único candidato con alguna opción de forzar una segunda vuelta electoral, que tendría lugar el 29 de octubre si ningún postulante obtiene el domingo la mayoría absoluta de los votos válidos, dijo que Lula se ausentó del debate 'por miedo a prestar cuentas'.

El ex gobernador de Sao Paulo, que según sondeos obtendría un 35 por ciento de los votos válidos, agregó que 'la plaga de la corrupción' corroe al gobierno del ex sindicalista.

FLANCO DÉBIL

Lula decidió no ir al debate tras analizar con su equipo de campaña dos últimas encuestas, que mostraron en la noche del miércoles que sería reelegido el domingo sin necesidad de una segunda vuelta, con un 53 por ciento de los votos válidos, es decir descontando los sufragios nulos y en blanco.

El presidente ha hecho frente en la recta final de la batalla electoral un nuevo escándalo que salpicó a su partido y provocó el relevo de varios de sus colaboradores de campaña. Esto ofrecía un flanco débil a sus adversarios, que esperaban deseosos el cara a cara con la esperanza de acortar la holgada ventaja de Lula.

El caso estalló días atrás cuando dos miembros del PT fueron detenidos con una fuerte suma de dinero en efectivo con la que comprarían supuestos documentos para vincular con ilícitos a candidatos opositores.

El hecho revivió las esperanzas de la oposición de provocar una segunda vuelta poniendo en primer plano de la campaña los varios escándalos enfrentados por Lula y su partido desde que el ex operario metalúrgico llegó a la presidencia de Brasil en 2003, entre ellos uno por denuncias de sobornos a parlamentarios.

Sin embargo, el carisma de Lula, su ascendencia entre los pobres, una economía estable y ambiciosos planes sociales, mantuvieron firmes los vaticinios de la reelección del presidente.

/Por Guido Nejamkis/.*.