'Le Joueur de cartes II'
'El jugador de cartas II' (1971), una de las obras de Picasso incluídas en la muestra Pablo Picasso - © Louisiana Museum of Modern Art/Succession Picasso/BUS 2012

Siempre fueron artistas contrarios, de puntos de vista irreconciliables. "Si tan solo pudiéramos sacar el cerebro y usar sólo nuestros ojos...", decía Pablo Picasso. "Me interesan las ideas, no el producto visual. Quiero poner a la pintura de nuevo al servicio de la mente", sentenciaba Marcel Duchamp.

El Moderna Museet de Estocolmo (Suecia) inaugura el sábado 25 Picasso/Duchamp - "He Was Wrong" (Picasso/Duchamp - "Él estaba equivocado", en alusión al comentario lacónico que el pintor malagueño hizo tras enterarse de la muerte del artista francés en 1968.

La exposición celebra el centenario del primer encuentro en París de los dos personajes y enfrenta de nuevo a dos artistas que revolucionaron la vanguardia del siglo XX: uno por inventar con el cubismo una nueva forma de percepción de la realidad; otro, por retar la idea preconcebida de lo que puede y no puede ser arte.

El museo expone trabajos en préstamo que completan su extensa colección en propiedad de obras de Duchamp. Una competente selección (también del museo) y obras procedentes de otros centros y colecciones privadas repasan siete décadas de la obra del pintor.

El primer artista en exponer un urinario

Picasso despreciaba a su enemigo conceptualista. Poco antes de morir veía con sorpresa e indignación cómo un creciente número de artistas jóvenes elevaban a los altares a Duchamp, el primer artista en exponer un urinario a modo de escultura en un museo. Tras provocar y mostrar el arte como una simple manifestación para la que no era necesario estar entrenado, Duchamp se retiró para dedicarse por entero a su otra pasión: el ajedrez.
Picasso se indignaba con el entusiasmo de los artistas jóvenes por Duchamp

La muestra enfatiza la rivalidad, pero también acerca a las dos figuras con detalles que se ignoran con frecuencia. En el contexto de la bohemia parisina compartieron coleccionistas, mecenas y admiradores como el líder del surrealismo André Breton, que promovió a los dos artistas en los años treinta, dedicando a cada uno por separado un número de su revista Minotaure, una publicación de lujo que fue, entre 1933 y 1939, un referente para los amantes del arte.