Baronesa Thyssen: "Me gustaría reencarnarme en mi mamá"

  • Carmen Thyssen se sincera en una entrevista en la que asegura que las diferencias con su hijo se arreglarán: "Todo tiene que terminar bien", afirma.
  • Asimismo, revela que lo que busca en las personas es lealtad.
Fotografía de archivo tomada en 1962 de la baronesa Carmen Thyssen acompañada por su madre, Carmen Fernández.
Fotografía de archivo tomada en 1962 de la baronesa Carmen Thyssen acompañada por su madre, Carmen Fernández.
Efe

Bajo el título de baronesa, Carmen Thyssen esconde una espontaneidad sin límites, casi más propia de 'Tita', que le permite confesar que le gustaría reencarnarse en su mamá.

Delante de su cuadro favorito de Edward Hopper, Matha McKeen de Wellfleet (1944), expuesto en este momento en el museo Thyssen Bornemisza, un paisaje marino con un velero surcando unas aguas muy azules, la baronesa habla de la vida y de su familia, de la que -asegura- "no cambiaría nada".

Pese a la tirantez y a la incomunicación con su primogénito, Borja, que se prolonga desde hace dos años y que se extiende a su nuera, Blanca Cuesta y sus nietos, dos niños, Sacha, de 4 años, y Eric, de año y medio, al que no conoce, Thyssen no pierde un ápice de ese optimismo para confiar "en que las cosas tienen que terminar bien".

La baronesa Thyssen y su hijo protagonizan un duro enfrentamiento que les ha llevado incluso a los tribunales. Borja reclama dos cuadros a su madre, que asegura le regaló el fallecido barón, que fue su padre adoptivo, pero los jueces han desestimado la reclamación de Borja Thyssen.

Tita Cervera desea resolver este distanciamiento pero de momento las posturas no se han acercado. "Es una tontería, es que no lo entiendo, de verdad", insiste antes de recordar, sin preguntarle, el día en que nació su hijo. "Me dijeron que iba a ser una niña pero yo deseaba un niño", rememora. "Me sentí muy feliz porque un niño siempre lo quieres tener el primero, ¿no?, pregunta buscando la complicidad.

"El candor de la niñez es lo más bonito que hay y la inocencia. Son igual todos", declara, citando a las gemelas, Carmen y Sabina, de 6 años, quienes, según la baronesa, "se complementan maravillosamente bien", ya que Carmen "tiene muchísimo carácter" y Sabina "es muy templada".

"Se ríen, son amables, divinas, estudian mucho, hacen ballet clásico, tocan el violonchelo y hablan inglés", detalla, orgullosa.

La baronesa quiere ofrecerles "una educación adecuada" y respetará la decisión que tomen de adultas sobre su futuro profesional. "Que sean de mayores lo que ellas quieran, nunca las forzaré", sentencia con convicción.

Otra de sus mayores felicidades es "comprar libros", aunque luego reconoce que no tiene tiempo para leerlos, a no ser que se trate de los cuentos que les lee a sus niñas antes de acostarse, donde suele transitar de la dicción a la invención. "Les encantan los cuentos que me invento, estoy con ellas en la camita y les cuento cuentos y cuentos hasta que se duermen".

Perfeccionista de nacimiento, destaca como sus mayores cualidades "el tesón y la disciplina", valores que reconoce fueron "un reto de juventud" aunque "ahora -asegura- ya me he habituado a ello y lo hago como una cosa normal".

Admira de los demás la lealtad, "me gusta que los demás sean conmigo como tienen que ser, con sus maravillosas cosas y con sus defectos" y sentencia sin tapujos: "Busco en la gente la lealtad".

El afán de superación se lo debe a su madre, a sus recomendaciones, como aquella de que debía casarse con un diplomático de carrera porque veía en 'Tita' don de gentes y dotes de negociadora, así que la baronesa, no duda, si tuviera que elegir en cómo volver a este mundo, confiesa, entre risas y sonrisas, que le gustaría reencarnase en su "mamá".

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