Nadie quiere basura atómica
Manifestación en el municipio extremeño de Mesas de Ibor. (Foto: A. Fernández).
Qué...

Basura atómica. La descarga anual de un reactor nuclear típico es de unas 30 toneladas de combustible irradiado. Cada tonelada produce 180 millones de curios de radiactividad. Las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos en 1945 sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki liberaron un millón de curios.

Origen...

Son desechos. Generados durante todo el ciclo nuclear, que se inicia en la extracción del uranio que alimenta a las centrales nucleares.

Por qué...

Energía sucia. De la energía nuclear sale el 23% de la electricidad española, pero deja unos peligrosos residuos, que tardan hasta 250.000 años en desactivarse.

Quién...

Enresa. Esta empresa pública se encargará de fabricar y gestionar el cementerio atómico. Los ecologistas denuncian que es una maniobra a favor de las eléctricas, favorecidas por la moratoria nuclear.

Ésta es la ecuación: un caramelo radiactivo (700 millones de €) más el temblor social. Y dicen las matemáticas que esta fórmula no compagina bien con un cementerio nuclear.

La comarca extremeña de Los Ibores ha sido la última en recibir el temblor de la alarma nuclear. Sus vecinos han respondido con manifestaciones, las últimas ayer mismo.

No quieren el caramelo económico. Se oponen a que la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) emplace en su territorio el Almacén Temporal Centralizado (ATC), que antes de 2011 está previsto que albergue todos los residuos de España.

Es la opción del Gobierno para enterrar la basura atómica de nueve centrales nucleares y 600 hospitales y centros de investigación del país. El basurero albergará, enterrados, más de 12 millones de litros de residuos altamente contaminantes, parte de los cuales permanecerán activos hasta 250.000 años.

Enresa, mediante un anuncio público, ofreció en julio una golosa inversión: 700 millones de euros y más de 400 puestos de trabajo para el pueblo que acepte. Nueve municipios pidieron información. Tras recibirla y pulsar la opinión vecinal, a estas alturas, casi todos han dicho que de ninguna manera.

El último capítulo de la guerra contra el basurero atómico, que va para una década, la protagoniza la zona extremeña de Los Ibores, en la provincia de Cáceres. Se encuentra dentro de la Asociación de Municipios en Áreas de Centrales Nucleares (AMAC), el censo administrativo de pueblos preferentes, por infrastructuras, habituación y escasa población, para albergar el cementerio.

Los vecinos han creado la plataforma No al ATC siguiendo la estela de otros pueblos incluidos en el censo: Peque (Zamora), Carballo (A Coruña), Vandellós (Tarragona)...

La asociación ecologista Greenpeace filtró la información de que el alcalde de Mesas de Ibor había sido el primero en interesarse por la propuesta de Enresa. Como precedente de mentalidad radiactiva, ya tienen cerca la central nuclear de Almaraz y muchos vecinos viven de ella.

"Hay que luchar contra esta mentalidad, no queremos hipotecar nuestro futuro, existen riesgos de accidentes, malas carreteras, incendios...", dice Teresa, portavoz de la plataforma.

Lo describen como "un movimiento ciudadano sin precedente en Extremadura". Aseguran que han conseguido 3.000 firmas en pueblos de apenas 200 vecinos. "Si tan bueno es el cementerio nuclear, se lo regalamos a La Moncloa", dice Marichu, vecina de Bohonal.

En Enresa piensan que las cosas se han sacado de contexto. "Nosotros somos los obreros de una basura maldita. Pero no es más peligrosa que otra tecnología. Es un almacén pasivo, que siguiendo el modelo de Holanda, se podría ubicar en cualquier polígono industrial", dice su portavoz, Máximo Taranillas.

Los ecologistas consideran "inmoral" que se intente comprar voluntades con dinero público. "Queremos el calendario definitivo del cierre de las centrales nucleares. El ATC no es temporal. Es el caballo de Troya de un gran cementerio", dice Carlos Bravo, de Greenpeace.

Pero en Los Ibores también hay voces a favor. "¡Esto no es la Unión Soviética! La gente no está bien informada y priman las políticas del miedo", opina Jaime Rodríguez, físico aplicado, procedente de Los Ibores y residente en Madrid. "No somos pioneros en esto, es seguro".

Fecha clave: 2011

En estos momentos son las propias centrales nucleares las que hacen de cementerio para sus residuos. Sólo los deshechos de Vandellós I están en un almacén francés. En 2011, según el acuerdo firmado por ambos gobiernos, los residuos deberán volver a España. En caso de incumplimiento del acuerdo, el Estado tendrá que pagar 57.000 € anuales. España sólo tiene un cementerio, ubicado en El Cabril (Córdoba), pero sólo para basura atómica de baja y media actividad.

Desarrollo sin perder la salud

Más de 2.000 personas se manifestaron ayer en el municipio extremeño de Mesas de Ibor (300 habitantes) para pedir que el almacén de residuos radiactivos no sea construido en sus tierras. «Queremos desarrollo, pero no a costa de nuestra salud», fue uno de los lemas.

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