Silver prosthetic nose
Una nariz falsa de mediados del siglo XIX para cubrir la ausencia de nariz de una enferma de sífilis Hunterian Museum at the Royal College of Surgeons

Una bebida isotónica para mejorar el rendimiento de un deportista, una prótesis de plata que oculta una nariz destrozada por una sífilis avanzada, una fantasía de ficción sobre una persona con mirada de rayos equis, una pastilla de Viagra... Parecen tener poco en común, pero forman parte de una ecléctica exposición de objetos diseñados bajo la idea de que podemos mejorar las carencias del ser humano —sean consecuencia de una enfermedad o de nuestras limitaciones físicas o biológicas—.

Superhuman (Superhumano) es la nueva muestra de la galería londinense Wellcome Collection, un establecimiento situado en los límites del arte que se define como "un destino gratuito para los curiosos incurables" y se dedica a reunir muestras temáticas de sagaz imaginanción. La nueva exposición, que se inaugura el jueves 19 de julio y permanecerá en cartel hasta el 16 de octubre, pretende "explorar las extraordinarias maneras que la gente ha ideado para aumentar, adaptar y mejorar las prestaciones de su cuerpo".

Coincidiendo con los Juegos Olímpicos de este verano, quizá el mayor campo de pruebas del constante intento de superar los límites humanos, la Wellcome expone un centenar de objetos —obras de arte, artefactos, vídeos, fotografías, cómics e instrumental médico— que documentan nuestro "ilimitado deseo de ser más de lo que somos".

"Hasta el año 2050"

Los responsables de la exposición han reunido desde una prótesis del antiguo Egipto para sustituir un dedo del pie mutilado, hasta ejemplos de superhéroes de la ciencia ficción, pasando por las promesas de futuro de la nano y la biotecnología. Por eso el lema de la muestra es "explorando la mejora del cuerpo desde el año 600 antes de nuestra era hasta 2050".

La exposición incluye los zapatos superelevados de los que se desplomó Naomi Campbell Superhuman, que pretende abordar el tema de fondo desde un punto de vista cultural, científico y mitológico, se inicia con un acercamiento lúdico a los objetos cotidianos que nos ayudan a la adaptación al medio o al aumento de nuestras capacidades (dentaduras postizas, juguetes sexuales, smartphones...) y documenta como el intento de mejorar ha cambiado según las sensibilidades de cada época: para una persona de la sociedad victoriana era una revolución el patinaje, mientras que la diseñadora Vivienne Westwood presentó en los años noventa sus vertiginosos zapatos Super Elevated Gillie como una contribución al aumento aparente de estatura —aunque el risego de caída es grande, como demostró Naomi Campbell—.

Nariz tumefacta

Las prótesis ocupan un lugar destacado en la exposición, tanto como artilugios que permiten la superación de una carencia como la ocultación de algo que los usos sociales no consideran de buen gusto. Se muestran una nariz de plata atada a unas gafas para cubrir la nariz tumefacta por una sífilis de una mujer del siglo XIX; las piernas artificiales lanzadas en paracaidas sobre Afganistán en la película Kandahar para las víctimas de minas antipersona, y las fotos médicas de James Gillingham de finales del siglo XIX.

Las piezas artísticas de Dorothy Cross, Eyemaker (2000), sobre la fabricación de un ojo de cristal, un objeto para ser visto que no permite la visión, y de Revital Cohen, The Immortal (2011), sobre máquinas médicas de reanimación que trabajan aún sin tener un cuerpo al que reanimar, inciden en las contradicciones de la ciencia de la vida.