La novela 'Un maldito enredo' muestra el lado humano de los pequeños delincuentes

  • Una peluquera de barrio convertida a investigadora aficionada es la protagonista.
  • Mila comienza a investigar casos pequeños, pero cuando se da cuenta está en medio de una trama vinculada al gran poder.
  • La historia ocurre en Malasaña, un barrio junto a la madrileña Gran Vía.
  • Alpuente participa con esta novela la Semana Negra de Gijón 2012.
Alpuente es escritor, periodista, compositor, cantante, autor teatral y cronista.
Alpuente es escritor, periodista, compositor, cantante, autor teatral y cronista.

El escritor Moncho Alpuente ha conseguido sacar a la luz el lado humano de los pequeños delincuentes en su nueva novela, Un maldito enredo, protagonizada por una peluquera de barrio convertida en investigadora aficionada que se enfrenta a una poderosa trama de corrupción.

Es una obra de género negro pero a la vez es una novela costumbrista con un toque irónico, ha afirmado el autor en la Semana Negra de Gijón donde participa como invitado.

Alpuente, que además de escritor es periodista, compositor, cantante, autor teatral y cronista de la villa y corte de Madrid se ha metido en la piel de una mujer para contar una historia que ocurre junto a la Gran Vía, en Malasaña, un barrio donde conviven prostitutas, ladronzuelos y gente de buen vivir.

Mila, la protagonista, es una peluquera que en su afán de convertirse en detective comienza a investigar casos pequeños, pero cuando se da cuenta está en medio de una trama vinculada al gran poder.

La novela de Alpuente está plagada de personajes que se ganan la vida en la frontera de la ley, avispados, oportunistas, carteristas, timadores, y que aún guardan un resto de humanidad y ética.

"La Gran Vía ya no es lo que era"

"La Gran Vía ya no es lo que era, se ha despersonalizado, con una saturación de centros comerciales de multinacionales, pero detrás del lujo y de los escaparates están las calles de las putas y los carteristas", ha afirmado.

Alpuente ha dicho que esta gente quería llevarse bien con los vecinos, le pagaban el entierro a los indigentes y le subían la bolsa de la compra a las ancianas.

"Hace un tiempo me encontré con uno de ellos y me dijo que ya no trabajaba en la calle, que la cosa se había puesto muy complicada y que no salía de casa ni siquiera para robar", ha recordado.

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