Las nuevas tecnologías se alían con la repostería artesana más tradicional. El pionono de Santa Fe, un dulce de bizcocho humedecido en jarabe con una coronilla de crema tostada, se puede ya disfrutar en cualquier punto de la geografía española, excepto las islas.

La web pionono.es no lleva ni tres semanas activa en Internet y ya tiene una media de cincuenta visitas diarias. En este corto periodo de tiempo ha recibido pedidos desde varias puntos de Cataluña e incluso un internauta de Holanda se ha interesado por este dulce tan peculiar, aunque aún no se vende fuera de nuestras fronteras, si bien está en proyecto.

La empresa no sólo pretende llegar a la casa del consumidor para llevarle, vía Seur, su docena de piononos en menos de 24 horas, sino que también está en contacto con clubes de gourmets y restaurantes de las principales ciudades del país, para que incorporen el pionono de Santa Fe a su carta de postres.

Los primeros en probarlos fueron los pasajeros del vuelo inaugural de la ruta Madrid-Granada de la compañía Vueling, el pasado 29 de junio y fue un gran éxito entre la tripulación y todo el pasaje.

A la hora de elegir el pionono que iban a comercializar, realizaron una serie de tests ciegos, en los que daban a probar las recetas de varias casas de Santa Fe. Los encuestados eligieron mayoritariamente los de la empresa Rey Fernando, confiteros artesanos desde 1945. Dato curioso, ya que quizá no sea la casa con más renombre, al menos entre los granadinos.

También sin azúcar

Todo el mundo puede disfrutar de este dulce, incluidos los diabéticos. Para que no tengan que privarse disponen de piononos sin azúcar y enriquecidos con Omega 3.

La docena –con y sin azúcar– pesa un kilo aproximadamente. Cuesta poco más de 20 euros y nos llega a casa como recién hecho, conservado entre 0 y 5 grados.

Un origen controvertido

Los orígenes se remontan a la repostería andalusí del siglo x y xi, aunque hay controversia sobre quién lo inventó tal y cómo es hoy. En Casa Ysla lo atribuyen a Ceferino Isla, que en 1897 abrió su obrador en la calle Real de Santa Fe, después de ser aprendiz de Manuel, el Gallego. En Rey Fernando sostienen que años antes ya lo vendían las tres hermanas viudas de la pastelería La Blanquita. Eso sí, coinciden en que el nombre viene del Papa Pío IX y el aspecto cilíndrico está inspirado en la tiara papal.