Cascorro se ha convertido en un auténtico muelle en pleno centro de Madrid
Cascorro se ha convertido en un auténtico muelle en pleno centro de Madrid (Sergio González) Sergio González

Carmen Gómez dice que, en su desesperación, ha llegado a tirar patatas desde su balcón, en un cuarto piso de la plaza de Cascorro, a los que cargan camiones con toneladas de ropa a altas horas de la madrugada.

Se duerme mejor el día del rastro que el resto de la semana

Desde hace tres años, en su plaza "se duerme mejor el día de Rastro que el resto de la semana", afirma.

La culpa la tienen los centenares de camiones y furgonetas que, día y noche, utilizan la plaza más mítica del Rastro para la carga y descarga.

Mercancías a Portugal

La proliferación de locales de venta al por mayor de textil, regentados en su mayoría por población de origen chino, ha convertido la plaza en un muelle de carga de tamaño industrial, originando múltiples molestias a los vecinos.

Los locales tradicionales han sido sustituidos por tiendas de textil al por mayor, que copan el paisaje comercial del barrio
Ahora, muchos confían en que el cierre al tráfico a vehículos no residentes del barrio de Embajadores consiga mejorar la situación.

Sin embargo, también hay quien piensa que cuando a finales de mes se implante el cierre, con multas incluidas, no se acabarán realmente con los ruidos, la ocupación de la calles por grandes bultos, ni los embotellamientos, y, además, acabarán pagando justos por pecadores.

Eso opina Tomás Gayo, propietario de una tienda de muebles de cocina. "La mayoría de los transportistas son extranjeros que vienen a cargar ropa para llevársela a Portugal o Marruecos, se están todo el día y no pagan el aparcamiento. Les hemos oído decir muchas veces que les da igual que les multen", asegura.

En la plaza de Cascorro está permitida la carga y descarga, con un límite de 20 minutos de estacionamiento.

Además, desde hace más de 50 años también se usa como punto de encuentro de furgonetas que realizan portes y mudanzas.

Antonino lleva toda la vida estacionando en la plaza, pero ahora ve peligrar su modo de vida por culpa de la saturación que ha producido la expansión del comercio al por mayor.

"Llevo 50 años aquí y hace 20 días nos han quitado la placa de que esta acera sirve a la carga y descarga. Y ahora, ¿a qué me dedico, con qué doy de comer a mi familia?", se pregunta.

Pérdida del comercio antiguo

En los últimos años el Rastro ha perdido cinco tiendas que vendían mimbre, dos de electricidad, varios bares, una pastelería, una charcutería, una carbonería, varias de antigüedades y una mercería.

Todos esos locales se dedican ahora a la venta de comercio textil al por mayor. La explicación está en el precio que pagan los nuevos inquilinos, que llegan a los 6.000 euros al mes por 80 metros cuadrados, el triple de lo que paga el resto.