Los episodios de acoso escolar forman parte del panorama educativo de una manera casi tan habitual como los de maltrato en el hogar. Una encuesta del Movimiento contra la Intolerancia de Málaga indica que el 93% de los estudiantes de instituto han presenciado en alguna ocasión conductas violentas por sus compañeros.

Entre clase y clase

En primera persona: Una parte considerable de los estudiantes de 13 a 17 años han sufrido –a veces, a menudo o constantemente– insultos (71%), burlas (62%), robos (37%), amenazas (37%), aislamiento (32%) o agresiones (37%).

Cómo resolverlo: Cuando existe un problema con otro compañero, la mayoría (63%) utiliza el civismo, «hablar con él», pero hay un inquietante 14% que sin mediar palabra actuaría de «forma agresiva». El arbitraje de los profesores sólo se lo plantean unos pocos (9%).

Comportamiento: La opinión sobre si el uso de la violencia está justificado queda muy pareja en la encuesta. El total se reparte entre los que la aprueban en algunas ocasiones (45%) y los que nunca comulgan con ella (50%). Sólo el 5% la utilizaría para todas las disputas.

Racismo

Etnia gitana: Sigue ocupando el primer lugar cuando se trata de medir el rechazo a un colectivo. Al 33% de los alumnos no le gustaría tener compañeros de raza gitana. Eso sí, marroquíes y judíos tampoco son demasiado bien recibidos por un 27 y 26%, respectivamente.

Valoración: Para el 47%, la inmigración supone un problema y sólo el 16% cree que enriquece al país. Y es que el 56% creer tener compañeros racistas.

Muestra: Las opiniones vertidas en el informe han sido recogidas en diez institutos de los distintos distritos de la capital. En total, se han consultado los testimonios de unos 1.000 jóvenes.

Muchos contra uno solo

«El buylling es el fuerte contra el débil: muchos contra uno solo». Esta explicación que emite el Movimiento contra la Intolerancia es un reflejo de lo que ocurre a diario entre clase y clase. De hecho, la mitad de las intimidaciones, insultos o agresiones que han visto los jóvenes están protagonizadas por grupos y sólo un 23% hace referencia a un conflicto entre dos alumnos.

Valentín Glez. M. Contra la intolerancia

«La convivencia juvenil se ha deteriorado»

Son conclusiones para preocuparse, ¿no?

Sí, son unos niveles de violencia y de justificación de la utilización de la misma muy elevados, aunque no distan mucho de otras ciudades.

¿Cómo ha avanzado el fenómeno en los últimos años?

Hemos pasado por varias fases: de 2000 a 2002 las instituciones ignoraban el problema y no prestaban la debida atención. Más tarde ha habido una fase de minimización del problema y ahora hay una respuesta adecuada con algún programa educativo en marcha. En general, se ha producido un deterioro de la convivencia en el mundo juvenil.

¿Sus causas?

Hay elementos nuevos. Esta generación recibe mensajes muy violentos de la industria audiovisual, mucho más que otras generaciones. También está menos formada ideológica y políticamente. Además, hay que tener en cuenta que los foros y chats pueden influir mucho en los jóvenes, y hay algunos de grupos organizados, sobre todo neonazis.

¿Dónde recae más la culpa: padres, ejemplos de la sociedad, escuela...?

La familia es un elemento fundamental, aunque algunas iniciativas para educar a los padres no han tenido el éxito esperado. En la escuela, creo que los profesores hacen un gran esfuerzo, pero hay un problema de desbordamiento porque las infraestructuras son las que son.