Esta historia no tiene un final feliz. Luis García, estudiante murciano de 17 años, no pudo contener las lágrimas cuando 20 minutos le comunicó el viernes por la mañana que su perrita Lola, un cocker de año y medio, había sido encontrada muerta en la cuneta de una carretera.

Todo había empezado días antes. El lunes pasado, Luis viajaba de Alicante a Galicia, donde vive, haciendo escala en Madrid. En la bodega del avión, su mascota. Cuando aterrizaron en la capital, dos azafatas de Iberia le dijeron, «riéndose», que Lola había desaparecido.

Indignado y preocupado, Luis pasó el día buscando a su perrita. «No pudieron tratarme peor en Iberia», señala. No hubo suerte y tuvo que proseguir su viaje a Vigo. Pero no se quedó de brazos cruzados y denunció el suceso en este diario.

El desenlace se conoció el viernes, cuando un lector dijo que había encontrado el cadáver de Lola en la cuneta de la M-113, carretera que comunica el aeropuerto y Madrid. No tenía dudas, era ella.

Fotografió el cadáver

El can había muerto atropellado. «Lo saqué de la vía para que el cuerpo no sufriera más atropellos», explica el lector, trabajador del aeropuerto. «Tengo tres perros, y entiendo lo que debe estar sufriendo», añade. Tras conocer la noticia, Luis avisó a la Sociedad Protectora de Animales y Plantas para que recogiera el cadáver, al que hoy se le realizará una necropsia en la Universidad Complutense.

Luis demandará a Iberia. Cree que el incidente podría haberse evitado. También quiere impedir que algo así vuelva a pasar. A pesar de todo, lo que más le preocupa ahora es que Lola tenga un buen sitio donde descansar eternamente.

La vieron dos lectores

Antes de morir, la perrita Lola fue vista por otra lectora en el barrio de Barajas, muy cerca de la M-113. «No pude cogerla», explica. También la vio con vida el conductor que la encontró. «Utilizo esta carretera varias veces todos los días. En uno de los viajes no pude parar porque yo iba trasladando pasajeros. En el viaje de vuelta ya estaba muerta. Si lo llego a saber...». Este lector fue el que, con su móvil, fotografió el cadáver de la perra.