Un vagón de la línea 5 de metro
Un termómetro mide la temperatura en un vagón de la línea 5 de metro, este miércoles, en plena ola de calor. JORGE PARÍS

Como si fuera un anillo más del infierno, el metro vivió ayer una de las jornadas más calurosas que se recuerdan, al igual que la capital.

Como comprobó ayer 20 minutos termómetro en mano, en algunas líneas, como la 5, el calor era más sofocante que en la calle. Pese a que en plena Gran Vía el termómetro marcaba unos nada desdeñables 33,5 grados centígrados, en el suburbano el mismo aparato registraba una temperatura de 34,5 ºC.

El motivo, obviamente, se podría achacar a la ola de calor que la ciudad sufre desde el lunes, y que durará, probablemente, hasta el fin de semana, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). De hecho, el martes se registraron máxima absolutas de 39,1 ºC, superando los 38 grados de 1994, la más alta hasta la fecha en junio. Y por la madrugada la temperatura llegó a los 29 ºC.

Sin embargo, los empleados del metro apuntan a otras causas. "La línea 5 es la más vieja de todas las que están sin remodelar. Ese puede ser un buen motivo de la falta de aire acondicionado", apunta Ignacio Arribas, portavoz de CC OO en el suburbano. Metro de Madrid, asegura, sin embargo, que casi el 100% de los trenes de la empresa están acondicionados.

Más del 50% de los resfriados de verano se deben a cambios bruscos de temperatura Aun en el caso de que no se viaje en metro, los madrileños, ante una flama tan agobiante, deben soportar cambios de temperatura de hasta diez grados. Ayer, durante un recorrido por la ciudad,  la máxima del termómetro llegó  a los 35,4 ºC (en un aparcamiento de la plaza del Carmen, en el centro).

La mínima fue de 24,3 ºC (en un autobús de la línea 52 de la EMT). Unas variaciones muy perjudiciales para la salud, ya que "más del 50% de los resfriados de verano se deben a cambios bruscos de temperatura", según un portavoz de Neumomadrid. Mientras, en el intercambiador de Avenida de América (un clásico de las altas temperaturas), junto a las dársenas de los autobuses, el termómetro señalaba 34,3 ºC.

El agobio que se reflejaba en los desencajados rostros de los pasajeros era comprensible, más aún si se tiene en cuenta que los vaporizadores instalados hace un par de años para paliar el calor estaban estropeados.

Otras instalaciones públicas con un interior muy fresco, aunque puede que no lo suficiente, son los ambulatorios. Ayer, en el centro de salud Las Cortes (Centro) el calor llegaba a los 26,8 grados, casi al borde de la legislación laboral, que establece que la temperatura límite en oficinas ha de situarse entre los 17 y los 27 ºC.

"Hace calor, pero la sensación térmica es menor, puesto que se trata de un calor seco, sin humedad", recuerda Emilio Rey, experto en meteorología. "Desde luego, no se puede comparar con la canícula de 2003, que mató a miles de personas en toda Europa", apostilla. Aún así,  la Consejería de Sanidad ha alertado a toda la red sanitaria ante el previsible aumento de pacientes.

Dolor de cabeza, fatiga, calambres...

Cruz Roja aconseja, ante estas temperaturas, extremar la precaución con mayores, niños y enfermos, evitando que salgan a la calle durante las horas de calor e impidiendo que realicen deportes intensos.

También deben tratar de beber mucha agua, aunque no sientan sed. Además, hay que tener cuidado cuando se presenten algunos de los siguientes síntomas: fatiga, decaimiento general, dolor de cabeza, calambres..., que pueden experimentarse por un golpe de calor.

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