Con una pista facilitada por el lector Rubén González.

Un centro médico sin toallas ni agua caliente. Aunque parece más propio de la guerra civil, ésta es la situación que está viviendo el consultorio auxiliar de Bonrepòs i Mirambell que coinciden en señalar tanto usuarios como trabajadores.

Un paciente acudió para que le retirasen un tapón de cera que tenía en el oído y lo descubrió. «Cuando llegué, me preguntaron si había llevado el agua caliente y la toalla. Al final, salí de allí sin tapón (había sobrado agua caliente de la visita anterior), con el hombro lleno de papel mojado (me colocaron servilletas de papel) y con un nudo en la garganta», relata Rubén.

Desde el consultorio aclaran que, para retirar tapones de cera, antes remitían a los pacientes al especialista: «No tenemos obligación de hacerlo, pero para hacerles un favor los extraemos aquí para evitar que se desplacen. Si nos hacen falta toallas, acudimos al centro de salud de Almàssera y las traemos de allí».

Además, los empleados denuncian la situación de precariedad del centro: «Hace un año exigimos que revisaran la estructura, porque las paredes crujían y había grietas. También había un mal olor a alcantarilla insoportable. No reúne las condiciones para atender a tanta gente», cuentan.

Investigarán los hechos

El Ayuntamiento de la localidad, propietario del local donde está ubicado el consultorio, aseguró ayer que no tenía constancia de los hechos, pero se comprometió a investigarlos y a reclamar al Consell que solucione los problemas. La Conselleria de Sanidad no se pronunció sobre la situación, pese al requerimiento de 20 minutos. Ésta no es la primera vez que salen a relucir problemas en la sanidad valenciana. Una mujer con dos tumores y hemorragias pidió el pasado mes de febrero que el ginecólogo del centro de especialidades de Monteolivete la atendiera. Pese a que sangraba, le dieron cita para diez meses más tarde.

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Le dejaron una esponja en el oído

El Instituto Valenciano de la Sordera tendrá que indemnizar con 3.900 euros a los padres de una niña de nueve años que sufrió una infección en el oído al dejarle en el interior una esponja que le colocaron para hacerle unos tapones. Según la sentencia, el empleado que hizo el molde para los tapones no retiró adecuadamente la esponja que se coloca para evitar que la pasta entre en el oído. La niña tuvo el fragmento de espuma en su interior durante seis meses, lo que le originó una otitis externa durante varios meses.