Campamento para niños trasplantados
Cartel del campamento que ALCER organiza en Cantabria. ALCER

El trasplante no es para toda la vida, pero sí a día de hoy la mejor de las soluciones. Más para quienes tienen todavía muchos años de vida por delante. Pero a día de hoy, muchos niños deben aprender a esperar su momento y después a convivir con un trasplante que no les durará toda su vida.

La mejor forma de aprender es que sean los propios niños quienes se enseñen entre ellos lo que se debe y no debe hacer para tener la mejor calidad de vida posible. Esa es la idea: un campamento en el que niños trasplantados enseñarán a otros que esperan su trasplante.

Los padres crecen en confianza y los chicos en madurez y responsabilidadPasarán juntos unas vacaciones donde tendrán mucha diversión y mucha educación sobre su enfermedad. Será durante esta semana (hasta el sábado 30), en Solórzano (Cantabria), están organizadas por la Federación Nacional ALCER y forman parte del llamado “Proyecto CRECE” destinado a ayudar a niños que necesariamente van a crecer con su enfermedad renal.

Un proyecto donde todos crecen. Los padres crecen en confianza al comprobar que sus hijos pueden ser mucho más autosuficientes de lo que ellos mismos imaginaban. Los chicos y chicas crecen en madurez, en responsabilidad, en compañerismo y sobre todo en sabiduría sobre el modo de afrontar su situación especial. Un equipo de ALCER (8 enfermeros, 2 psicólogos, 5 monitores, 1 educador social y 4 técnicos) se ocupa de los pequeños.
 
Los niños que acuden a estas vacaciones se encuentran todos en una situación similar, pero en distintas etapas. Lo que se busca juntándolos, es que aquellos que todavía no han sido trasplantados vean cómo puede ser su futuro y que los que ya han pasado por la operación, hagan de “profesores” del resto.

Historias de niños

"¡Estás tonto, no puedes comer eso!" fue la forma en que en las vacaciones anteriores  un niño recriminaba a otro por estar comiendo un plátano, alimento prohibido para las personas que tienen que dializarse. Un gesto educativo, como solidario fue el de otro chico que al no poder acudir a las vacaciones por haber sido recientemente trasplantado, llamó por teléfono para saludar a todos y decir que los echaba de menos.
 
Estas vacaciones también han permitido a ciertos niños cosas que para otros son normales y para ellos algo inalcanzable. Una niña que llevaba tres años sin poder disfrutar de un baño en una piscina por su enfermedad, pudo hacerlo todos los días durante las pasadas vacaciones.
 
Todo se basa en el apoyo de unos a otros. Una madre comentó a los técnicos de ALCER si podrían ayudar a su hijo a pincharse él sólo la hormona, pues le daba mucho miedo hacerlo en casa sólo. Al ver al resto de los compañeros cómo se pinchaban ellos solos y tras ser instruido por los enfermeros sobre cómo hacerlo, cuando terminó el campamento este chico se pinchaba él sólo.