Nico
La actriz y cantante Nico, retratada en The Factory por Stephen Shore Courtesy Stephen Shore / 303 Gallery, New York © Stephen Shore

Desde 1962 y durante los 25 años siguientes solo había un lugar por el que debías merodear si querías ser alguien en la vida social y bohemia de Nueva York: The Factory. Era un local-fusión: centro de arte, discoteca a tiempo completo, estudio de cine y fotografía y, sobre todo, refugio y sagrario del rey del pop art, Andy Warhol.

Ubicada hasta 1968 en la quinta planta del número 231 de la calle 47 Este en Manhattan y luego en el piso 33º de Union Square Oeste, cerca del club-restaurante Max's Kansas City, si eras admitido en The Factory —es decir, si el caprichoso Warhol te daba el visto bueno— estabas en el ajo y podías considerarte parte de la élite y la vanguardia.

La exposición De la Factory al mundo. Fotografía y la comunidad de Warhol, inaugurada este martes en Madrid (Teatro Fernán Gómez. Centro de Arte/Fundación Banco Santander), rescata aquel tiempo de excesos, fiestas de escándalo, gente guapa y proyectos alucinados, con un centenar de fotografías de artistas que transitaron por el local, entre ellos Richard Avedon, Cecil Beaton, Billy Name, Stephen Shore y, desde luego, Andy Warhol.

Amigos, amantes, artistas, curiosos...

La muestra, que forma parte de la sección oficial, Desde aquí. Contexto e internacionalización, del festival PHotoEspaña 2012 y estará en cartel hasta el 12 de julio, ofrece una perspectiva íntima de una comunidad de gran trascendencia para el arte del siglo XX. Siendo a la vez un estudio en un espacio físico, algo parecido a una línea de montaje de producción artística, y un lugar dinámico para la interacción social y cultural entre Warhol y su cohorte de amigos, amantes, artistas, conocidos casuales y espectadores curiosos.

Cuando Warhol fue tiroteado por una feminista radical el acceso se restringió La Factory funcionó como un útero del que surgieron proyectos dementes —películas bastante obtusas de supuesto carácter vanguardista que no han soportado el paso del tiempo— y otros brillantes, como los primeros discos de la Velvet Underground, el influyente grupo apadrinado inicialmente por Warhol en el que coincidieron Lou Reed, Nico y John Cale. Desde que Warhol fue atacado a tiros en 1968 por una de sus colaboradoras resentida, la feminista radical Valery Solanas, el mecenas puso coto a la entrada libre al lugar y lo transformó en una oficina al uso.

Orgías diarias y drogas gratis

Pero sobre todo, y eso es lo que muestra la exposición, el lugar fue un centro social inexcusable para las celebrities de la época. Desde Mick Jagger a Bob Dylan, pasando por todas las estrellas prefabricadas de Warhol —Candy Darling, Edie Sedgwick...—, políticos con ganas de juerga, nobles canallas y escritores de moda. Las orgías era diarias y las drogas gratuitas. Warhol, ávido coleccionista-fetichista de intimidades ajenas, lo grababa o fotografiaba todo.

Con el paso del tiempo, la Factory ha adquirido la categoría de mito y se ha convertido en un referente cultural de la contracultura de los años sesenta en los EE UU. También en un símbolo de la decadencia y el empobrecimiento cultural derivado del hedonismo y el culto a la personalidad. Dado que era un espacio para ver y ser visto, también fue el objetivo de muchas cámaras, manejadas por profesionales, aficionados, fotoperiodistas y fotógrafos de moda. La exposición que se estrena en Madrid pretende unir las piezas de esta mirada múltiple.

Al mismo tiempo, la Filmoteca Española proyecta los trabajos cinematográficos de Andy Warhol en la Factory, recopilados por Douglas Crimp. Se trata de una selección de filmes y pruebas de proyección, que componen un retrato colectivo del ambiente y los personajes de la Factory. El film Chelsea Girls (1966), de tres horas y media de duración, completa este ciclo