'Conference at Night'
'Conference at Night' ('Reunión nocturna') (1949), uno de los cuadros de la exposición del Thyssen Edward Hopper - Wichita Art Museum, Roland P. Murdock Collection

Edward Hopper (1882-1967) no vendió su primer cuadro —Sailing (1911)— hasta los 31 años. Ignorado por el público y los críticos, trabajó como
ilustrador durante años. Solo a los 43 vio su obra expuesta por primera vez y pudo dedicarse a la pintura.

En menos de una década el mundo había descubierto con asombro el secreto de esos cuadros de belleza melancólica, paisajes urbanos desiertos y habitaciones con personajes iluminados por una luz solar blanca y poética. Quien los mira una vez, no puede evitar volver a ellos.

Poco presente fuera de los EE UU

El Thyssen-Bornemisza de Madrid inaugura este martes Hopper, la muestra, que se puede visitar hasta el 16 de septiembre,  es la más extensa de la obra del pintor estadounidense que se ha organizado de Europa. Desde el museo dicen que responde al deseo del público por ver reunidas las obras de uno de los pintores norteamericanos más apreciados en el viejo continente y sin embargo, presente en escasas exposiciones y colecciones fuera de los EE UU.

El museo, que tiene una de las colecciones más importantes en Europa del autor, cuenta para la ocasión con préstamos de colecciones privadas y grandes museos estadounidenses como el MoMa, el MET y el Museum of Fine Arts de Boston. La exposición también recopila 14 obras del museo Whitney de Nueva York, receptor del legado de Josephine Hopper, la mujer del artista.

Las influencias tempranas

Las 73 obras que componen la muestra ilustran la evolución de la pintura del artista  en dos secciones. La primera, dedicada a los comienzos, repasa su aprendizaje en el estudio de Robert Henri en la Escuela de Arte de Nueva York, con cuadros de 1900 a 1924. Henri fue uno de los fundadores de la Escuela Ashcan, un colectivo de artistas que perseguía el realismo y la melancolía de la pobreza neoyorquina. El museo crea un diálogo artístico entre las obras tempranas de Hopper y trabajos de autores que definieron el carácter artístico del pintor, como el mismo Henri, Félix Valloton, Edgar Degas o Albert Marquet.

Hopper sintetizó las sensibilidades del realismo con la crítica lírica La segunda parte de la muestra está dedicada de lleno a la madurez del pintor y repasa sus grandes temas y motivos. Su afición por la arquitectura en obras como Marty Welch's House (1928), la soledad y el aislamiento en escenas domésticas como Room in New York (1932) o el tratamiento de la luz en exquisitas obras como Morning Sun (1952) crean una perspectiva completa de la sensibilidad entre el realismo moderno y el americanismo crítico y a la vez lírico con el que Hopper impregnó sus aparentemente sencillas escenas.