Primavera Sound: todos a una con The Cure

Robert Smith, líder del grupo The Cure, durante su actuación en el Primavera Sound.
Robert Smith, líder del grupo The Cure, durante su actuación en el Primavera Sound.
Eric Pamies

La nostalgia musical puede ser ochentera pero elegante; resultar vista aunque singular  y, sobre todo, bien iluminada. Así fue el viernes el concierto que ofrecieron en el ecuador del Primavera Sound de Barcelona el grupo The Cure, una de las escasas cabezas de cartel del festival tras la cancelación de Bjork, así como los responsables de uno de los directos más multitudinarios e intensos.

Aparte de lucir unos cuantos kilos de más, el frontman de la banda, Robert Smith, apenas ha cambiado en las últimas  tres décadas. Mantiene el cardado mareante circundando la cabeza, la voz joven y la camisa negra –o una idéntica- de sus inicios.

Tal vez ahora, sin embargo, se ha hecho algo más complaciente. Por eso, no dudó en interpretar los grandes éxitos de su carrera y alternarlos con los temas de Wish, el álbum de la banda que cumple su 20ª aniversario.  Hubo tiempo para todo, ya que la banda había pedido más tiempo que el que en principio se les había adjudicado.

Antes, Rufus Wainwright había ofrecido, junto a un grupo de coristas, una lección de pop seductor y de estilismo basado en unos pantalones coloridos y recargados cuando todavía se estaba poniendo el sol.

Segundones de nivel

Otra banda que demostró su buen hacer en directo fue The Drums. Los estadounidenses imprimieron personalidad y energía a los temas de su aún breve discografía, muchos de ellos con claras influencias de formaciones británicas como The Smiths. El carisma de su líder, el texano Jonathan Pierce, que se balancea de forma extraña y mecánica sobre el escenario, casi hace que se perdone, incluso que se ame, su look tosco de camiseta anticuada y cuidadosamente metida por dentro del pantalón.

Tampoco el líder de The Rapture habría pasado, probablemente, un casting estético evaluado por Risto Mejide, pero sus melodías contenedoras de disco, pop y funk enloquecen y divirten.

Un poco más allá, en uno de los diez escenarios de la muestra, Napalm Death hacía honores a la descripción que el festival había otorgado a su sonido: "Una apisonadora desbocada capaz de hacer trizas el metal con tan solo pestañear". Pero esta ya es otra salvaje y poderosa historia.

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