Sin título, 1934
Casa de verano al norte de Holanda fotografiada por Eva Beysnö, que adquirió notoriedad con imágenes de arquitectura funcionalista Collection Iara Brusse, Amsterdam © Eva Besnyö / Maria Austria Instituut Amsterdam

La vida de la fotógrafa Eva Besnyö (1910-2003) estuvo condicionada por la obligada emigración a la que se vió empujada por varios regimenes políticos. De su Hungria natal se marchó en 1930 para sacudirse del gobierno fascista del regente Miklós Horthy. Se estableció en Berlín, pero allí el panorama, con Hitler al mando, no era mucho mejor y en 1932 se estableció en Amsterdam. Cuando los nazis invadieron Holanda tuvo que vivir en la clandestinidad durante varios años.

Artista que ha comenzado a ser reivindicada en los últimos años pese a que nunca dejó de trabajar, la "gran dama de la fotografía holandesa", como se la conoce —adquirió la nacionalidad de su país de acogida—, es ahora objeto de una gran retrospectiva en el museo Jeu de Paume de París (Francia). La exposición Eva Besnyö, 1910-2003 : l'image sensible (Eva Besnyö, 1910-2003: la imagen sensible) fue inagurada el martes pasado y estará en cartel hasta el 23 de septiembre.

Emancipación y disfrute de la vida

La muestra contiene 120 obras de todas las etapas de Besnyö, una mujer para quien la fotografía no fue solamente una profesión, sino una forma de emancipación y de disfrute de la vida. Es una injusticia que sea menos conocida que aqueellos de sus compatriotas que integraron la gran generación de fotógrafos húngaros de la primera mitad del siglo XX: KertészMoholy-Nagy, Munkácsi y Robert Capa. Este último fue amigo de infancia de Besnyö y empezó a hacer fotos ante el ejemplo de ella, que no se separaba ni un instante de su Kodak Brownie.

Llegó a Berlín con 20 años y un certificado de formación en el bolsillo Eva Besnyö, 1910-2003 : l'image sensible está montada en torno a las ciudades en las que residió esta fotógrafa errante y combativa. La primera es Berlín, a donde llegó con sólo 20 años y un certificado de formación fotográfica en el bolsillo, para descubrir una forma de vida abierta y bohemia. Enocontró trabajo como colaboradora en diarios y colaboró con el fotógrafo Peter Weller, que se dedicaba a recorrer la ciudad y sus alrededores para documentar obras de construcción.

En favor de la República Española

La alta sensibilidad política de Besnyö la llevó a abandonar Alemania, donde el nazismo comenzaba a enseñar los dientes. En otoño de 1932 se estableció en Amsterdam, donde donde se integró en el círculo de la artista Charley Toorop y el cineasta Joris Ivens, activista en favor de la República Española con la película Tierra de España.

En Holanda Besnyö se casó cona el camarógrafo John Fernhout y en 1933 expuso sus fotos por primera vez. La II Guerra Mundial la obligó a vivir en la clandestinidad y colaborar con la resistencia. Era de ascendencia judía y sabía que destino le aguardaba tras la invasión de Holanda por los nazis en 1940.

Después de la guerra, Besnyö opta por la visión humanista del neo-realismo y con el tiempo también consolidó su reputación como fotógrafa de arquitectura, sobre todo de edificios de tono funcionalista. Madre de dos hijos, en la década de 1970 se comprometó en el movimiento feminista Dolle Mina, que exigía la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.