La historia conocida como "fraudes por click" de Google comenzó en febrero de 2005, cuando varios comercios demandaron al gigante estadounidense por cobrarles una cantidad por clicks que consideraban fraudulentos o no válidos.

El sistema de "pago por click" consiste en que el anunciante tiene que pagar al proveedor por cada clic que se produzca sobre uno de sus anuncios.

Algunas compañías emplean sistemas que realizan esos clicks de forma automática, por lo que el anunciante debe pagar por ellos sin que realmente se le haya reportado ningún beneficio.

Google ingresa beneficios por publicidad de los proveedores a través de clicks, por lo que las compañías demandantes le exigían a Google que reembolsase el dinero y les protegiera de este tipo de situaciones en un futuro.

La compañía ya anunció a principios de marzo que estaba dispuesta a llegar a acuerdo, y que la cifra máxima con la que estaba dispuesta a indemnizar era de 90 millones de dólares.

En el acuerdo extrajudicial al que se ha llegado se ha establecido que Google cederá créditos a los demandantes de 4,50 dólares por cada 1.000 gastados en su servicio de publicidad.

Este acuerdo interesaba a las dos partes implicadas, dado que se calcula que Google obtiene aproximadamente el 97% de sus ingresos a través de los anuncios de pago por click.