Vecinos y comerciantes respiran aliviados tras el aniversario de la acampada del 15-M en Sol

  • El dispositivo desplegado por la Policía Nacional para el aniversario del 15-M ha impedido las acampadas y los incidentes.
  • "Este año hemos podido dormir. Ha sido una buena idea ponerles horarios, aunque se los saltasen", explica Lucía, residente en la calle de Postas.
  • Los comerciantes del entorno de la plaza, que el año pasado aseguraron perder 30 millones, afirman que este  15-M no les ha afectado.
Aspecto de la Puerta del Sol a primera hora de la mañana del domingo, tras el desalojo del 15-M.
Aspecto de la Puerta del Sol a primera hora de la mañana del domingo, tras el desalojo del 15-M.
EFE

Los residentes y los comerciantes del entorno de la Puerta del Sol han cambiado el tono. Las quejas, exabruptos en muchos casos y peticiones de ayuda que planteaban hace un año se han cambiado por medias sonrisas que dejan entrever una satisfacción contenida y cierta prudencia.

El aniversario del 15-M, que muchos esperaban resignados por miedo a que se repitiese la acampada en la Puerta del Sol, ha pasado apenas sin consecuencias. A lo sumo, los trastornos provocados por la batucada del 12-M, los ruidos de los sucesivos desalojos o, en última instancia, la cacerolada con la que el movimiento puso fin a su última -por el momento- asamblea general este martes. Del mal, el menos, según los afectados.

Del ruido a la calma... relativa

"Esta vez sí hemos podido descansar", cuenta a 20minutos.esLucía, que vive de alquiler en la calle de Postas. "La otra vez nos pilló por sorpresa. Yo tuve que mudarme durante dos semanas a casa de una compañera de trabajo porque había noche que no conseguía dormir ni una hora por culpa del ruido y del helicóptero que vigilaba el campamento. Ha sido una buena idea ponerles horarios, aunque se los saltasen", afirma.

La situación ha sido tan diferente que doña Eulalia, que camina a sus "más de 70 años" con sus perros por la calle Mayor, apenas se ha enterado de la presencia de los 'indignados'. "Había más gente en la plaza, pero como ya me he acostumbrado a ver los mozos (señala a un Policía Nacional y sonríe) no me ha molestado".

Chris, estadounidense de vacaciones en Madrid, dudó hasta última hora entre regresar, un año después, al hostal donde se había alojado en 2011 o coger una habitación en un lugar apartado del centro: "Me lo pasé muy bien los primeros días, pero luego tuve que comprarme tapones. Vine para estudiar un máster y había días que no iba a clase".

Finalmente, la dueña del hostal le convenció, prometiéndole que ella misma le buscaría otro alojamiento por el mismo precio si los 'indignados' volvían a tomar Sol.

Comerciantes satisfechos

Esta empresaria no es otra que Esther, cuya familia regenta desde hace años un hostal con ventanas a la plaza y a la calle del Correo. Ella es la otra cara de la moneda, la de los pequeños y medianos empresarios que, según aseguraron, llegaron a acumular 30 millones de euros en pérdidas durante los 26 días en los que permaneció el campamento.

"No podía repetirse lo del año pasado. Perdieron la razón en las formas. Después, parecía que, a la hora de contabilizar los daños, solo importaban El Corte Inglés o las grandes tiendas de Carretas, el Carmen o Preciados. Los que tenemos cuatro o cinco empleados lo pasamos muy mal", se lamenta.

Este año, "por suerte", la ausencia de acampada ha evitado males mayores que el ruido y los desperdicios que los operarios del Ayuntamiento de Madrid se apresuraban a eliminar en cuanto la plaza era desalojada.

Después de la experiencia de 2011, cuando varios comerciantes llegaron a protagonizar altercados con algunos violentos, los gerentes de las cafeterías, tiendas y otros negocios de Sol son reacios a hablar.

La ley del silencio impera, por ejemplo, entre los vendedores de prensa, que tuvieron que hacer reparaciones en sus quioscos cuando se levantó la acampada. "Muy bien, gracias", resume escueto uno. "Mucho mejor. Lo del año pasado no tenía ni pies ni cabeza, pero no puedo comentar nada", insiste otro.

Carlos (nombre ficticio), que trabaja en una de las cafeterías de la plaza, explica que a él la acampada no le molestaba: "A mi jefe sí, pero hicimos más o menos la misma caja. Lo único era que había que estar con siete ojos todo el día porque había gente que quería pasar a los baños todo el tiempo. Los clientes alucinaban".

Entre desconfiado y satisfecho, el dueño de una tienda de regalos situada en la kilómetro cero certifica que el comunicado emitido este lunes por la Confederación de Comercio de Madrid (Cocem) es real: "No hemos perdido dinero, este año, no".

Todos los interrogados creen que la actuación de la Policía Nacional y la limitación horaria establecida por la Delegación del Gobierno han sido un acierto. Solo Lucía, la primera de nuestras interlocutoras, puntualiza que los agentes deberían haberse empleado con mayor mesura: "Otra acampada, no, pero tampoco hacía falta sacar a palos a los pocos que se han ido quedado estos días hasta las 5.00 horas. En ese momento ya no molestaban".

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