La plaza Cataluña, el mejor lugar para dormir y para despertar tras un año lleno de indignación

  • Unas 20 tiendas de campaña, varios toldos y una casa árbol dan refugio al 15-M.
  • Yayoflautas, jubilados, trabajadores, parados, familias... No son solo jóvenes.
  • La plaza es un jardín de pancartas: Esto no es una crisis, es una estafa.
Miguel, Marc y Pol son tres estudiantes indignados.
Miguel, Marc y Pol son tres estudiantes indignados.
María Salgado

La plaza Cataluña está llena de razones. Se va llenando de motivos, lemas, palabras, pancartas, manos, aplausos, canciones... mientras el sol, los nubarrones y las palomas juegan a irse y a regresar, como suele ocurrir en toda primavera."Lo que no hay son razones para no estar aquí. Todo está peor que hace un año", asegura Pol, un alumno de Formación profesional, mientras fuma sentado en la hierba. "Esto servirá para que la gente tome conciencia de que somos la clase trabajadora, de que no beneficia a nadie que haya una pirámide, solo a los de arriba", explica. "Yo quiero aportar mi granito de arena a esta protesta mundial", añade su amigo Miguel, un estudiante de Filosofía que toca la guitarra a su lado.

Más de una veintena de tiendas de campaña, varios toldos y una casa árbol dan refugio a los indignados que acampan en esta plaza, epicentro del 15-M en Barcelona. El Ayuntamiento les ha permitido ocupar el lugar solo hasta este martes, día en que se celebra el primer aniversario del movimiento. Julia es una de las mujeres que ha pasado la noche aquí. Es austríaca, tiene 18 años y está viajando por Europa. "He dormido en la plaza porque es genial sentir el poder del pueblo, sentir que podemos hacer algo juntos. Es una sensación muy buena, me llena de energía", explica mezlando inglés con un español muy rudimentario. Vera también ha dormido al raso, solo protegida por un saco. "Me quedé porque anoche llovió y mucha gente se fue de la asamblea. Pensé que debía quedarme cuando todo el mundo se iba, aunque mi madre prefiere que esta noche duerma en casa", dice esta estudiante de solo 17 años.

En la comisión de cocina ya han cortado las verduras con las que servirán los macarrones para la cena de esta noche. De vez en cuando, reparten pan y sobras de arroz y lentejas a modo de merienda. Una música de tambores retumba por encima del sonido de los megáfonos con que dirigen los debates. Es un grupo de batucada de Sabadell que ha venido a animar a la gente y se pasea por Portal del Ángel, como flautista de Hamelin, seguido de un río de gente que baila.

Yayoflautas, jubilados, trabajadores, parados, familias con niños... Los indignados no son solo jóvenes. "Estoy aquí para tratar de recuperar los derechos que nos están quitando los bancos con la ayuda de los poderosos y los políticos. Es nuestro deber estar aquí, por nosotros, por nuestros hijos y nuestros nietos", asegura María José, una médico de 61 años. "Ya se notan los recortes, pero se notarán mucho más porque la sanidad ha pasado de ser un derecho universal a un derecho de los que cotizan", denuncia esta doctora.

José tiene 67 años y ya está jubilado, pero dice que lleva peleando desde el 69. "Antes sentía cierta pasividad en la juventud, por eso ahora me siento identificado al 100% con el 15-M. Para mí y para muchas generaciones ha sido la luz y la esperanza. No somos antisistema, solo queremos cambiar el sistema que hay porque es injusto", cuenta este ex mecánico y trabajador de Renfe.

La plaza Cataluña es un jardín de pancartas. Esto no es una crisis, es una estafa; Tot el poder pel poble; Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo; No salvem els bancs, salvem els elefants; Somos nietos de los obreros que no pudisteis matar. Las pancartas cuelgan de cuerdas, se apoyan en el suelo, se clavan en la tierra. Hay quien se acerca a la plaza solo a leer pancartas, a llenarse de frases, de mensajes. "Yo siempre me quejo, pero no actúo. No estoy de acuerdo con el sistema que tenemos porque solo beneficia a unos pocos y no a la mayoría. El problema es que si este movimiento no llega a medidas concretas, se quedará en agua de borrajas", se lamenta Cristina, una parada de 27 años, que espera que toda esta oleada de ilusión valga para algo.

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