Renoir apaga las luces

El nombre de Julián Riutord está ligado a la historia cinematográfica de Palma. No es un crítico de cine ni un director de renombre, tampoco ha salido en pantalla, pero conoce muy bien las entrañas del séptimo arte.

El nombre de Julián Riutord está ligado a la historia cinematográfica de Palma. No es un crítico de cine ni un director de renombre, tampoco ha salido en pantalla, pero conoce muy bien las entrañas del séptimo arte.

Julián es el encargado del cine Renoir de Palma que este martes echa el cierre y realizará su última proyección en la sala número 1. La película elegida para tal despedida no es otra que la de 'El exótico hotel Marigold', una comedia de John Madden que poco tiene que ver con la "tragedia" que se vivirá cuando se apaguen las luces.

"No tendría que desaparecer este cine" se lamenta Julián entre palomitas y chucherías, ante la atenta mirada de Miguel Ángel, el acomodador, que siendo el que menos tiempo lleva con ellos, asume que echará de menos el momento en que sonríe y aconseja a los asistentes y asegura desde su silla que el público joven "tiene que probar" este tipo de cine.

Con una cierta nostalgia y con la sensación de que va a disfrutar de la últimas horas antes de cerrar la puerta, sacar las llaves y dar por concluida la aventura del Renoir, Julián solo lamenta que haya sido él el que tenga que echar el cierre. Por eso, explica que le va a costar "mucho" la hora de apagar los proyectores por última vez, ya que en su día tuvo que hacer lo mismo con los cines Borne. "Antes, era joven y costaba, pero ahora, con la experiencia, va a costar mucho más, además, ya no tengo esas ganas de volar", dice a regañadientes mientras suena el teléfono.

Observando las instalaciones mientras gesticula en sus explicaciones, tiene pocas ganas de hablar y cada cierto tiempo hace una pausa de unos segundos para mirar atentamente las pantallas que le indican que todo va bien en las salas, no quiere perder detalle, el público es lo primero. No obstante, intenta disimular su tristeza y asume que a partir de mañana estará "de vacaciones".

Julián lleva 14 años trabajando en el Renoir, un cine al que ha definido como "uno de los mejores exponentes de lo que tendría que ser la cultura en España, como es el cine en versión original y que la gente aprenda a través de este los valores para saber convivir".

En este sentido, Julián ha mostrado su resignación ante la educación que se está llevando en España, y ha querido destacar que "la cultura balear de hoy en día es muy relativa, a la juventud no le gusta leer, eso de decirle a un joven que tiene que ver una película en versión original no lo acepta. Esto dice mucho de la cultura que tenemos aquí". Por ello, ha insistido en que la juventud que "abrió el cine", "tenía más ganas".

Entre proyectores y equipos de sonido, enseña las entrañas de un cine que huele a magia y que perderá su fuerza con el último fotograma que pase por uno de los cuatro proyectores de 35 milímetros que desde 1996 llevan funcionando.

Por su parte, Amparo, la taquillera, señala que "espera aguantar el tipo cuando cierre la taquilla" y con los ojos brillantes de la emoción que le da el despedirse de sus "amigos", los clientes, no pierde la esperanza ni la fe en el cine en versión original e independiente y que si el público hace fuerza, este tipo de cine "se puede salvar".

"venimos a despedirnos"

La sensación de añoranza que se respira en los alrededores del cine se desprende por los poros de todos los trabajadores y de los propios clientes, que mandan mensajes de ánimo, besos y abrazos a todos ellos. "Venimos a despedirnos", dicen dos jóvenes que aseguran que no dejarán de ver y de apoyar al cine independiente y sobre todo en versión original.

Con la piel erizada por la llegada de un compañero de otro cine que se lleva las películas que probablemente se sigan proyectando en otras salas, Julián insiste en que "los problemas que hay en España en estos momentos les han afectado y afecta al cine también" y que cuando llegue el día de mañana, añorará ese público y su amistad. Pese a no arrepentirse de nada y de estar seguro de que se ha hecho todo lo posible por mantener abierto el cine, asegura que si las circunstancias se lo permiten, volverá, ya que pese a no haber superado esta prueba, "el Renoir ya superó la crisis del vídeo y el DVD, y pese a ser una cosa limitada, el cine remontó".

'El hijo de la novia' asegura que es la película que más le ha marcado de las que ha proyectado, un drama argentino que tenía poca perspectiva pero que finalmente pudieron mantener en pantalla hasta seis meses, hecho que recuerda mientras observa algunos de los pósters de las películas que aún siguen anunciadas.

No quiere que esto se acabe, no quiere apagar los proyectores de forma definitiva y ver el negro en las pantallas, no quiere cerrar las puertas de parte de su vida, no quiere despedirse de sus amigos y sobre todo, no quiere ser 'El hijo de la novia' de un matrimonio que le unió desde que tenía 15 años, el cine y su magia.

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