El libro
Cubierta de 'Flannery O'Connor: The Cartoons', el libro que reúne toda la obra gráfica de la aclamada escritora Fantagraphics Books

Era una mujer sureña, licenciada en Ciencias Sociales y de modales exquisitos, que vivió los últimos doce años de su vida en la granja familiar de Milledgeville- Georgia (EE UU), bautizada como Andalusia, donde se entregaba a sus dos grandes pasiones: escribir y criar pavos reales, "el rey de los pájaros".  Las llamativas monturas de las gafas de miope que utilizaba —su única excentricidad exterior— le daban un aspecto de pájaro a ella misma. Es probable que le gustase esa condición: observar a los humanos desde lo alto y considerarlos, finalmente, como insectos un poco pasados de tamaño.

Flannery O'Connor (1925-1964) vivió sólo 39 años por culpa de un lupus eritematoso sistémico que heredo por vía genética de su padre. Pese al dolor y la vida cuesta arriba, tuvo tiempo para componer 31  relatos y dos novelas cortas que la encumbraron como uno de los pilares del gótico sureño, el subgénero irónico, violento y de descarnado humor negro que cultivaron también William Faulkner, Eudora Welty y, mucho más tarde, Cormac McCarthy, y que algunos críticos consideran, no sin motivos, como la simiente del realismo mágico de la literatura sudamericana.

Un secreto

Que O'Connor es una de las mejores narradoras estadounidenses del siglo XX y que sus cuentos son un deber para quien goce con la buena literatura ya lo sabíamos. Que también era una excelente dibujante, grabadora y autora de viñetas era un secreto sólo en manos de especialistas en su obra o fanáticos declarados.

Estuvo a punto de emplearse como historietista de periódicos El libro Flannery O’Connor: The Cartoons (Las viñetas) descubre el otro lado creativo de la autora de Un hombre bueno es difícil de encontrar. Está publicado por la editorial estadounidense Fantagraphics, coordinado por Kelly Gerald y es el primer tomo dedicado a la prolífica obra visual de la escritora, que empezó a dibujar de niña, llegó a  trabajar como autora de viñetas durante sus años universitarios, al principio de la década de los cuarenta, y estuvo a punto de trabajar profesionalmente como ilustradora e historietista para diarios.

'Outsiders' religiosos

Las viñetas de O'Connor, en tinta sobre papel o en grabados sobre linóleo, anuncian la tendencia a lo grotesco que tendría su carrera literaria, iniciada en 1952 con la novela corta Sangre sabia —hay una excelente adaptación al cine dirigida por John Huston en 1979—. También prefiguran la extrema rarerza de sus personajes, seres situados en los límites sociales y morales, outsiders religiosos —O'Connor era católica practicante— o aparentemente crueles despojos sociales. Otra constante de los dibujos es el humor, afilado hasta bordear el cinismo, de la artista, una observadora sagaz e implacable del lado absurdo de la existencia.

Partidaria de construir arte en torno a la experiencia sensorial de la mirada ("cualquier cosa que te haga ver te hará entender", decía), los dibujos que empezó a publicar desde niña en diarios escolares y, luego, en periódicos más serios del instituto y la universidad, fueron para O'Connor, según dice la autora de la antología, la "puerta" que le permitió aplicar esa técnica en sus narraciones.