Drew Barrymore
La actriz Drew Barrymore. Archivo

Tan tierna, tan dulce... y tan profesional. Con solo once meses, Drew Barrymore protagonizó un anuncio de comida para cachorros. Su compañero canino la mordió y los productores temieron que se echara a llorar, pero ella solo sonrió.

A los cinco años debutó en el cine, como la hija de William Hurt en Viaje alucinante al fondo de la mente.  Al año siguiente le llegó el papel con el que enterneció al mundo entero: el de la pequeña Gertie de E. T., el extraterreste. Su fichaje en esta película no fue casual: perteneciente a una reconocida estirpe de intérpretes, los Barrymore –equivalente americano a los Bardem o los Gutiérrez Caba–, la pequeña Drew tuvo como padrinos a Steven Spielberg y Sofía Loren. Tenía todos los ingredientes para triunfar: una preciosa carita, simpatía, desparpajo y contactos de primera línea. Hizo las delicias del público en el show de Johnny Carson y fue la presentadora más joven de Saturday Night Live. A los nueve años recibió su primera nominación al Globo de Oro, como mejor actriz de reparto por Diferencias irreconciliables, en la que interpretaba a una niña que se 'divorciaba' de sus padres. A esa edad ya fumaba y bebía alcohol.

Rebelde, adicta... y escasa de pudor

Víctima de su éxito, la joven estrella se vio envuelta en una espiral de precoz decadencia: a los 12 comenzó a fumar marihuana, a los 13 esnifaba cocaína y frecuentaba el famoso local neoyorquino Studio 54, lo que la condujo a un centro de rehabilitación.

Al año siguiente tuvo que volver a él tras un intento de suicidio. A los 15 años se mudó a su propio apartamento. Su rebeldía no menguó con los años: a los 17 posó desnuda con su entonces novio, el actor Jamie Walters, en la revista Interview, y dos años después repitió para Playboy. El pudor no era lo suyo: para celebrar su 20 cumpleaños se subió a la mesa del presentador David Letterman en mitad de su show televisivo y le mostró los pechos. Poco después, su padrino, Spielberg, le envió un  curioso regalo: se trataba de un edredón con una nota que decía "cúbrete". Más tarde, Drew recogería los recuerdos de aquellos turbulentos años en un libro autobiográfico, Little Girl Lost (Pequeña niña perdida).

Otra vida más estable


Ahora, a sus 37 años, Drew Barrymore mira con distancia aquellos años. Se ha convertido en una exitosa actriz de comedia romántica y una productora satisfecha, gracias a aciertos como Los Ángeles de Charlie y Donnie Darko. Fue nombrada embajadora de la ONU y dedicó un millón de dólares a campañas contra el hambre en África. Es madrina de la hija de Kurt Cobain, Frances Bean, y está felizmente unida a un consultor, Will Kopelman, con quien se prometió en enero tras 11 meses de relación. La boda se celebrará a principios de junio, y será íntima, lejos de los flashes de la prensa que tanto la ha perseguido. Se casará embarazada: será madre a finales de verano. Y espera una niña.

Compromisos y matrimonios rotos

La dulce niña de E. T. no solo tuvo una adolescencia turbulenta en adicciones; también tuvo una descalabrada carrera amorosa. Con 16 años se prometió con Leland Hayward, nieto del productor de Easy Rider. El compromiso se rompió, pero Drew volvió a prometerse al año siguiente con el actor y músico Jamie Walters, con el que tuvo una relación de dos años.

Finalmente se casó con el propietario de un bar a los 19 años, y se divorció dos meses después. En 2001 se volvió a casar con el cómico canadiense Tom Green: esta vez duró cinco meses. En junio tendrá lugar su tercera boda.