'Andy Warhol and members of The Factory', New York
Mural de Richard Avedon de Andy Warhol (derecha) y miembros de The Factory. Fue tomada el 9 de octubre de 1969 Photograph by Richard Avedon © The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon (1923-2004), quizá el mejor retratista del siglo XX, dijo en una ocasión que creía en los "maníacos" enganchados al trabajo hasta el punto de ser capaces de "abandonar por él a la esposa". También añadió que sus fotos eran siempre un pedazo de él mismo ("mis retratos son sobre mí y no sobre la gente a la que fotografío"), que poner límites al estilo o la forma no era lo suyo ("todas las fotos son apropiadas") y que descreía de estar manejando un arte con categoría de filosofía ("ninguna foto dice la verdad").

Durante su carrera de 62 años empuñando la cámara —murió con ella en la mano, tras un derrame cerebral mientras trabajaba en un reportaje para The New Yorker—, Avedon hizo honor a las declaraciones del párrafo anterior: trabajó como una bestia, se volcó y entregó personalmente en cada retrato, rompió los códigos de estilo, subvertió todas las reglas y buscó la verdad y el compromiso aún sabiendo que ninguno de ambos valores pueden condensarse en una fotografía.

Admiración asegurada

Cada vez que las fotos de este maestro sin parangón en el siglo XX salen de nuevo a la luz —sea en un libro o en una exposición, sean fotos de moda, retratos sociales y de personalidades o reportajes—, la admiración vuelve a estar asegurada. Al contrario que algunos de sus contemporáneos, que han caído desinflados por el paso del tiempo, la obra de Avedon crece en grandeza y luminosidad a medida que pasan los años.

Nuevo ejemplo. La galería Gagossian de Nueva York inaguró el viernes Richard Avedon: Murals & Portraits (Murales y retratos), una exposición de los legendarios murales con los que el fotógrafo,  a finales de los años sesenta, inaguró un estilo —panorámicos, de gran formato (hasta 10 metros de largo), con los sujetos retratados de cuerpo entero en tomas frontales y sobre fondos limpios, blancos, componiendo una coreografía inspiradora y llana— que desde entonces ha sido plagiado tantas veces como para perder la cuenta.

Momento convulso

La exposición, que estará abierta hasta el 6 de julio, vuelve a demostrar la intacta fuerza de los murales de Avedon, los frisos de paneles fotográficos que compuso como forma de documento social en un momento especialmente convulso en su país, los EE UU, donde la Guerra de Vietnam, la rebelión hippie-pacifista-contracultural, la lucha por los derechos civiles y contra el racismo, la liberación femenina y los cambios en los conceptos de familia, educación y cultura estaban calando en la opinión pública y dando lugar a un debate muy intenso y, en ocasiones, violento.

Avedon deseaba dar una respuesta al cambio que se producía en las calles Tras dos décadas trabajando en la fotografía de moda —donde fue un visionario— y en los retratos de personalidades sociales culturales y políticas, Avedon era consciente de lo que sucedía en las calles y deseaba dar una respuesta al cambio que se estaba produciendo o podría producirse. Entre 1960 y 1971 compuso cuatro enormes murales que buscaban la confrontación del espectador con la realidad —por dimensiones y actitud— y tienen un gran dinamismo al jugar con la empatía entre los personajes retratados.

Los Siete de Chicago

Las obras, fotos en blanco y negro que huyen de cualquier tipo de artificio, están dedicadas a grupos de personas fundamentales en el cosmos sociopolítico de los sesenta: el poeta Allen Ginsberg, autor de Aullido, el poema clave de la época, que aparece retratado con su amplia familia; el artista y mecenas Andy Warhol, patriarca del underground neoyorquino, rodeado por parte de su elenco de estrellas y colaboradores en la productora-estudio The Factory; los Siete de Chicago, activistas antisistema acusados de conspiración e incitación a la rebelión por intentar reventar en 1968 la convención nacional del Partido Demócrata, y los miembros de la misión oficial estadounidense encargada de negociar una salida para la sangrienta e imperialista Guerra de Vietnam.

Richard Avedon: Murals & Portraits, organizada en colaboración con The Richard Avedon Foundation, la fundación montada para gestionar el legado del fotógrafo, exhibe también una serie de retratos complementarios sobre el espíritu de aquellos tiempos: desde la transexual Candy Darling y el escritor Jean Genet, a supervivientes vietnamitas de bombardeos con napalm o Bernardine Dohrn, líder del grupo radical de guerrrilla urbana Weatherman.