Una juez del juzgado de lo Penal número 10 de Valencia ha condenado a un cirujano general y de aparato digestivo a cuatro años de inhabilitación y un año y medio de prisión por la muerte de un paciente con obesidad mórbida al que causó una perforación intestinal en una operación que practicó en el Hospital Virgen del Consuelo para implantarle una banda gástrica.

La juez señala en la resolución que el acusado no dio importancia a los síntomas de dolor abdominal que manifestaba el paciente, al que no llegó a explorar, y sostiene que esa conducta se debe calificar como una "grave infracción del deber de cuidado", ya que si hubiera aplicado la diligencia "debida y exigible", "habría advertido la presencia del peligro en su gravedad aproximada y presumiblemente habría obrado en consecuencia, disminuyendo el peligro para la vida del paciente".

Por ello, considera que este médico cometió un delito de homicidio imprudente, previsto en el artículo 142.1 y 3 del Código Penal, por lo que le condena a esta pena y a pagar una indemnización de 161.116,17 euros a los familiares de la víctima, con responsabilidad civil directa de la aseguradora y subsidiaria del centro hospitalario.

El ministerio fiscal pedía para el cirujano la pena de un año y medio de prisión y tres de inhabilitación por un delito de homicidio imprudente; mientras que la acusación particular elevaba las penas a los cuatro años de prisión y a seis de inhabilitación, al considerar que se había cometido un delito de homicidio imprudente "grave". La defensa pedía la absolución al negar que su cliente hubiera cometido ningún delito.

El médico operó a la víctima, un hombre de 45 años diagnosticado de obesidad mórbida, hipertensión arterial y diabetes, sobre las 9.30 horas del día 18 de febrero de 2008 en el Hospital Virgen del Consuelo, para realizarle un implante laparoscópico de una banda gástrica ajustable, según los hechos probados en la sentencia.

No vio la perforación gástrica

Durante las maniobras médicas que tuvo que llevar a cabo para su colocación, le produjo una perforación en la pared posterosuperior del estómago, que le pasó desaparcibida. Esta acción está descrita como una "complicación fatal, aunque de escasa frecuencia". El paciente fue subido a planta sobre las 14.25 horas y, durante esa tarde, se quejó de un dolor abdominal "intenso" y presentaba un "alto grado de nerviosismo e inquietud".

El médico acusado visitó al paciente a las 17.30 horas y sobre las 20.00 horas, a pesar de las manifestaciones que el afectado realizaba sobre su estado, no realizó prueba alguna para descartar complicaciones derivadas de la operación ni tampoco lo examinó de modo directo.

Por ello, según consta en la sentencia, el cirujano "no pautó un seguimiento adecuado en el postoperatorio inmediato, que debe incluir, en este tipo de operaciones, un control rutinario periódico de constantes vitales, la recogida pautada de posibles signos y síntomas y la supervisión directa de un equipo médico o cirujano experto".

Durante la noche, se produjo un deterioro en la salud del paciente, lo que motivó que el médico de guardia lo explorara y le realizara pruebas diagnósticos, que le llevaron a sospechar de una posible perforación gástrica, hecho por el que fue trasladado a la UCI, ya con un cuadro de shock e insuficiencia respiratoria severa.

Sobre las 7.30 horas llamaron al acusado, que llegó a centro a las 9.50 horas y decidió practicar una segunda intervención para suturar la perforación, aunque ya se había desencadenado un cuadro de peritonitis y una sepsis que derivó en su fallecimiento el 22 de febrero.

Informe de peritos

El juez desataca las periciales que coinciden en que la perforación gástrica derivó en una peritonitis que causó el shock séptico y el fallecimiento, que tuvo su origen en alguna maniobra durante la implantación de la banda gástrica, y que no fue advertida por el acusado, como él mismo reconoció. Asimismo, no realizó un seguimiento adecuado durante el postoperatorio.

Según tres doctores, en este tipo de intervenciones se debe realizar un control rutinario de constantes, una recogida pautada de posibles signos o síntomas y la supervisión directo por un equipo médico. Sin embargo, el acusado no le realizó exploración alguna cuando, según los peritos, "con una exploración del paciente se pueden detectar síntomas que hagan sospechar de la posible existencia de una perforación gástrica".

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