Cuarenta andenes para un par de ojos

Un solo guardia de seguridad vigila la estación de autobuses. Los viajeros conviven con indigentes y con cuatro hurtos a la semana.
Los pasajeros esperan el autobús frente a los andenes centrales (M. Mesa).
Los pasajeros esperan el autobús frente a los andenes centrales (M. Mesa).
Entramos en la estación de autobuses un día laborable. En la puerta, los taxistas charlan y tres mujeres piden limosna. A lo largo del paseo por el recinto hallamos otras tres en los mismos menesteres; dos de ellas, con la sombra de la droga en el rostro.«Suelen estar por aquí siempre. El vigilante las echa, pero vuelven a entrar», explica a 20 minutos Rosa Cabezas, que lleva cuatro años en un comercio de la estación.

La seguridad del complejo depende de un único guardia. Tardamos 15 minutos en toparnos con él. Rehúsa hacer declaraciones. Sí habla con nosotros el gerente de la estación, Fernando Plaza. «Cuatro agentes de la Policía Nacional patrullan a diario vestidos de paisano», afirma. Otras fuentes del personal de la estación niegan que esos refuerzos sean tan cotidianos.

Oficialmente, se registran cuatro hurtos a la semana; quizá pocos para un recinto con 40 andenes, una decena de entradas, una veintena de consignas y un solo vigilante; eso sí, provisto de pistola.

«Los chorizos actúan al alejarse el guardia», dice Angelo Tomaceli, otro comerciante.

Una chica de pantalones rasgados se acerca a un hombre con gafas de sol. Éste la escucha dos segundos, pero no tres. «¿Qué le ha pedido, señor?», preguntamos. «Traía un listado con las oficinas de empleo y quería que le diera dinero para llamar por teléfono. Se inventan cada cosa... Aquí siempre estamos igual».

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