Llegada de los Beatles a España (1965) y despedida del Papa en Valencia (Luis Alonso / Efe).
Llegada de los Beatles a España (1965) y despedida del Papa en Valencia (Luis Alonso / Efe). Luis Alonso / Efe
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Aunque de todos es conocida su pasión por los gorros y por los zapatos de la carísima marca italiana Prada, no se sabe si el Papa Benedicto XVI ha realizado alguna reclamación excéntrica durante su reciente visita a Valencia.


Pero excentricidades (o muestras de cariño, según se mire) las ha habido.

La clausura del V Encuentro Mundial de las Familias, se ha parecido, en las formas, a una gira rockera, y no sólo por el escenario y porque el Papa viaje en limusina, como las estrellas.

Los organizadores han agasajado al Sumo Pontífice con los más inverosímiles detalles

Los organizadores han agasajado al Sumo Pontífice con los más inverosímiles detalles
La ‘suite’ del Papa en el Palacio Arzobispal de Valencia medía 186 metros cuadrados , y había sido decorada con fotos de la infancia de Joseph Ratiznger.

En ella ha descansado el Pontífice, y en ese palacio ha degustado una paella elaborada por cuatro Obreras de la cruz. Se desconoce si la paella iba acompañada de allioli.

Además, las floristerías valencianas han vendido unas rosas blancas con la cara del Papa a seis euros la unidad (se regalaron 5.000 de esas rosas durante la misa).

Idilio con la horchata

El mismísimo Consejo Regulador de la Denominación de Origen Chufa de Valencia le preparó a Ratzinger horchata de primera calidad, fabricada de manera “totalmente artesanal” según el presidente del Consejo, Germà Alcayde.

Algunos rockeros beben vino, cerveza o agua sobre el escenario. Benedicto XVI rechazó el líquido elemento y exigió que le llevarán una horchata hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

El Papa comparecía ante cerca de un millón de personas y quería refrescarse, aunque no sufrió los treinta grados que aguantaba el público: el altar de Ratzinger contaba con un sistema de refrigeración autónomo, que mantenía la zona a 18 grados centígrados.

Un avión nuevo para volver a casa

El avión de Iberia que usó Benedicto XVI para volver a Roma (un Airbus A321 estrenado en mayo) concentraba un sin número de detalles memorables:

Según informa la agencia Efe, las almohadas y cabezales de todas las butacas estaban bordados con el escudo del Papa y la fecha del vuelo, y los manteles, servilletas y toallas a bordo estaban confeccionadas a mano, en lino y en encaje de bolillos, por un grupo de religiosas. Todo de artesanía.

Menú de Sergi Arola

A bordo, se sirvió jamón ibérico de bellota, quesos de Los Inores y de Mahón
A bordo, se sirvió jamón ibérico de bellota, quesos de Los Inores y de Mahón y una selección repostera obra de Paco Torreblanca. Todo ello regado con vinos de Somontano y de Ribera del Duero y cava catalán.

Además al Papa le regalaron un caja de vino Finca Monasterio del 2003 especialmente etiquetada para él, y una talla original, estofada de oro fino, de la Virgen del Loreto, patrona de Iberia.

Hilo musical exclusivo

La música que acompañó la travesía también fue cuidadosamente escogida: Joaquín Rodrigo, Granados, Albéniz, Mozart… y una grabación de los años sesenta, cedida por Radio Nacional de España, con voces de los niños del coro de la catedral de Ratisbona, que fue dirigido durante treinta años por el hermano del Papa, Georg Ratzinger.