«Hemos dormido en un hotel de mil estrellas»
El cauce del río Turia sirvió de lecho para que miles de peregrinos pasaran la noche del sábado al domingo. (Domenech / Efe)
Bajo un sol de justicia, miles de peregrinos venidos de todo el mundo jalearon ayer al Papa, Benedicto XVI, en su camino de regreso al aeropuerto de Manises.

Después de una larga noche de vigilia en un «hotel de mil estrellas» (durmieron al raso en el cauce del Turia) y tras despedirse simbólicamente del Pontífice, los visitantes comenzaron a abandonar la ciudad, que poco a poco recobraba la normalidad.

«Benedicto, amigo, la familia está contigo»; «se nota, se siente, el Papa está presente»; o «la familia unida, jamás será vencida», fueron algunos de los cánticos que peregrinos y vecinos dedicaron a su Santidad tras la misa.

Precisamente la familia fue la institución más defendida de cuantos se acercaron al entorno del altar papal. «Es un valor fundamental», aseguraba Javier, peregrino de Madrid y padre de cuatro hijos. Fabiola, que vino de Ceuta con otras 70 personas, la mayoría jóvenes, explicaba que «la voluntad de Dios es que el matrimonio lo formen un hombre y una mujer. No creemos en el matrimonio homosexual. Los gays tienen cabida en la Iglesia, pero no bajo la eucaristía del matrimonio».

La «buena» organización del evento y «la generosidad del pueblo valenciano» fueron otros de los aspectos resaltados por los visitantes. «Choca que nos hayan repartido por calles, porque estamos acostumbrados a grandes recintos, aunque está muy bien organizado», comentaba una fiel seguidora del Papa, que lo ha acompañado a Denver, Polonia, Colonia, París, Roma...

Otros detalles

Autobuses: Cientos de autocares aparcaron en la Ronda Norte.

Acampadas: Miles de peregrinos acamparon en el entorno del altar papal, pese a que el Ayuntamiento lo había prohibido.

El centro, sin coches: Las calles del centro estaban desiertas de coches.

Taxis: El momento más difícil para encontrar taxi, el domingo para ir a la misa.