En Galicia nos gusta dejar las cosas bien escritas, sobre todo cuando se trata de su propia herencia. El 60% de los gallegos redactan su testamento; sólo el año pasado se firmaron 43.000 en nuestra comunidad, según datos del Colegio Notarial de Galicia.

Esta costumbre está mucho más arraigada aquí que en el resto de España, donde apenas se llega al 40%: Cataluña y Madrid sólo firmaron 60.000 y 65.000, respectivamente, comunidades con mucha más población que la nuestra.

Por provincias, los coruñeses son los que más se preocupan por dejar la herencia bien atada antes de irse al otro barrio: el año pasado lo hicieron 19.000. Detrás vienen Pontevedra (13.400), Lugo (6.500) y Ourense (4.100).

Los expertos apuntan a que pueda deberse a una costumbre de la Galicia rural, en la que se dejaba la casa y las tierras para el marido o a sus hijos.

«Con el traslado de la aldea a la ciudad ha habido muchos cambios», afirma José Amigo, decano del Colegio Notarial de Galicia. «Pero el testamento tipo sigue siendo el mismo desde hace 25 años: se dejan los bienes al cónyuge y se nombra herederos a sus hijos», afirma.

El notario cobra 36 euros por dejar constancia de esta transmisión de patrimonio si es sencilla, pero el precio puede alcanzar los 66 euros en función de las cláusulas que se acuerden antes de validarlo. Además, no es inamovible: se puede modificar una sola hora después de haberlo firmado.

Evitar problemas

Hacer el testamento no sólo sirve para repartir los bienes a la voluntad del testador;  también ayuda a evitar confrontaciones familiares en caso de que haya disputas por la herencia una vez muerto el testador. Además, abarata los costes fiscales de los herederos a la hora de recibir sus bienes.

Puedes repartir el 75% a tu gusto

La nueva Lei do Dereito Civil de Galicia, aprobada por la Xunta hace un mes, ha intentado respetar el derecho tradicional para adaptarse a la nueva realidad de la sociedad. Así, cualquier persona podrá nombrar un tutor para hacer su testamento en previsión de que vaya a sufrir una incapacidad, incluso delegar en el propio cónyuge la decisión de nombrar a los herederos en el futuro. El nuevo texto también ha rebajado los derechos mínimos de sucesión de 2/3 a 1/4, con lo que se podrá repartir el 75% –y no sólo el 33%– de los bienes patrimoniales al antojo del propio testamentario.