Expulsión de Zidane
Momento en el que el árbitro Horacio Elizondo expulsa a Zidane (Reuters) Agencias

En una final que será recordada, sobre todo, por la expulsión de Zidane, Italia se proclamó campeona del mundo por cuarta vez en su historia tras un partido jugado con intensidad y entrega por parte de los dos equipos.

El campeón se decidió en el último suspiro: hubo que llegar a la fatídica tanda de penaltis para decidir el campeón.

Que ganara Italia fue un premio a la selección que mejor fútbol practicó durante todo el torneo.

Aunque, sin duda, Francia, la gran revelación, un equipo al que todos prejubilaban antes del inicio del Mundial, estuvo a las altura de las circunstancias.

El juego de la selección comandada por Raymond Domenech fue correoso y sólido, como en todo el campeonato, pero en este decisivo duelo aportó destellos de gran calidad, sobre todo por mediación de Henry, Ribery y Maluda.

Italia fue mejor en la primera parte, pero se adelantó Francia. Zidane materializó un dudoso penalti cometido sobre Malouda por Materazzi.


Gran segunda mitad gala

Pero el futbolista del Inter se resarció unos minutos después y, de cabeza tras saque de córner, batió a Barthez.

A raíz de este intercambio de golpes, Italia se creció y llevó el peso del partido.

Toni estrelló un balón en el larguero, en la ocasión más clara para los italianos tras el empate, y generó mucho peligro .

En la segunda parte y en la prórroga, en cambio, Francia resurgió de sus cenizas y monopolizó el balón. Italia lo fió todo a los contragolpes.

Y Zidane, de absurdo cabezazo a Materazzi, se inmoló. Penoso adiós de un grande aquejado a veces de una incomprensible y lamentable agresividad.

Y al final, Italia triunfó en la ruleta rusa de los penaltis. La selección azzurra es tetracampeona.