El colectivo Canlove recicla hasta la última pieza de los aerosoles con los que se pintan los grafitis

  • Someten cada envase a un tratamiento especial, lo desmontan y aprovechan los componentes para realizar obras artísticas.
  • Elaboran lienzos abstractos, esculturas inspiradas en arreglos florales y mosaicos para los que usan hasta 300 latas.
  • El grupo estadounidense ha colocado contenedores de recogida de material en emplazamientos frecuentados por grafiteros de Los Ángeles y Nueva York,
Uno de los 'ramos' de Canlove, fabricado con la parte superior de los aerosoles y los recipientes cilíndricos extendidos
Uno de los 'ramos' de Canlove, fabricado con la parte superior de los aerosoles y los recipientes cilíndricos extendidos
Canlove

Los esprays vacíos son un elemento más en el escenario del grafiti, pero cuando el color deja de salir por mucho que se agite el recipiente, los botes suelen terminar en el suelo sin que aparentemente puedan ofrecer nada más.

El colectivo estadounidense  Canlove (que se podría traducir como como Amor de lata), capitaneado desde Los Ángeles por los artistas DJ Neff   y Paul Ramirez, recicla lo que nadie creía que tuviera utilidad: los aerosoles de pintura que se han usado previamente para elaborar grafitis y murales. Aprovechan todos los componentes, sometiendo a cada lata a un tratamiento especial y destinando las piezas a obras de arte plásticas y en 3D.

Antes de cortarlos y separar todos los elementos, realizan una pequeña incisión para que el envase libere el gas y la pintura residuales. Las "caóticas descargas" dirigidas hacia un lienzo componen nebulosas, explosiones y salpicaduras que reflejan el final de la vida de un espray.

El metal cilíndrico descubre, tras ser aplanado, una superficie irrepetible que los artistas de Canlove comparan con las huellas dactilares. Uniendo 200 ó 300 ejemplares confeccionan mosaicos únicos en textura y colores desplegados ante el espectador.

Orquídeas y ramos de espray

Las partes superiores de los botes, circulares y más complejas que las demás, inspiraron al colectivo para fabricar complejos ramos de inspiración floral, reunidos en un jarrón que exhibe las bases de las latas o distribuidos elegantemente en tallos artificiales que imitan a las orquídeas.

Los integrantes de Canlove salen a buscar la materia prima en grupos, se adentran en túneles y pasadizos, investigan el suelo bajo los puentes y frecuentan los lugares con alta concentración de grafitis y murales. En los emplazamientos angelinos y neoyorquinos más emblemáticos del street art han colocado contenedores propios para facilitar que los grafiteros reciclen los botes que usan.

"Nos parece que sólo hemos rascado la superficie", dice el colectivo en su página web. A pesar de la variedad de sus proyectos, siguen buscando más posibilidades para el recién descubierto material y se ofrecen a hacer obras por encargo y proyectos públicos.

Entienden su misión lejos de la exclusividad y animan a otros artistas a unirse a ellos, a donar esprays usados y a aprender de modo gratuito las técnicas que emplean para convertir el reciclaje en una valiosa forma de arte.

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