Judith, afectada de SQM.
Judith, afectada de SQM. J.M.M

Un juez ha equiparado por primera vez las barreras arquitectónicas que sufren las personas con movilidad reducida a la barrera invisible que constituyen los agentes químicos para las personas con síndrome de Sensibilidad Química Múltiple (SQM).

A Judith, de 37 años, se la diagnosticaron hace siete años, cuando trabajaba como ingeniera agrícola y estaba expuesta a pesticidas. "A los seis meses no me podía mover de la cama y empecé a sufrir ataques epilépticos, pero tuve suerte porque me lo diagnosticaron muy rápido. Hay gente que tarda 15 ó 20 años en ser diagnosticados", explicó a 20 minutos.

A los seis meses no me podía mover de la cama y empecé a sufrir ataques epilépticosEl Instituto Nacional de la Seguridad Social le reconoció la incapacidad permanente absoluta derivada de accidente de trabajo y tiene reconocido el tercer grado de dependencia. "La enfermedad es muy invalidante", añadió Judith, quien a menudo usa muletas para andar porque también sufre fatiga crónica y fibromialgia, enfermedades que suelen ir unidas a la SQM.

Sin embargo, el Institut Català d'Assistència i Serveis Socials (ICASS) consideró que su grado de discapacidad no era suficiente para concederle una plaza de aparcamiento especial o la posibilidad de ocupar las reservadas para personas con movilidad reducida.

"Debo vivir en un entorno con un exhaustivo control ambiental y no puedo ir al hospital en transporte público porque lo fumigan periódicamente y el resto de usuarios lleva colonias, desodorante y la ropa lavada con detergentes", relató Judith.

Ahora, el Juzgado Social número 33 de Barcelona le ha dado la razón y obliga al ICASS a modificar sus criterios y a reconocer que la SQM le impide usar el transporte público.

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