La violación de la mujer, un arma de guerra en el Congo

  • La guerra terminó oficialmente en 2003 pero la violencia continúa.
  • Los grupos rebeldes y el ejército luchan por el control de las minas de oro.
  • Unas 48 mujeres son violadas cada hora en la RDC.
La congoleña Kungwa Kyalwa, de 23 años y madre soltera de tres hijos, es una desplazada del conflicto congoleño que fue violada por las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda.
La congoleña Kungwa Kyalwa, de 23 años y madre soltera de tres hijos, es una desplazada del conflicto congoleño que fue violada por las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda.
EFE

El corazón de las tinieblas, como definió el escritor Joseph Conrad al Congo, late hoy en las selvas orientales de ese país, donde el ejército y los grupos rebeldes aún usan la violación de la mujer como un arma de guerra.

La República Democrática del Congo (RDC), segundo país más grande de África, sigue atrapada en las garras de un conflicto que sigue causando mucho sufrimiento, especialmente entre la población femenina.

La RDC vive un frágil proceso de paz tras la Segunda Guerra del Congo (1998-2003), considerada, la guerra mundial de África, porque involucró a nueve países y más de veinte grupos armados.

La contienda, que ha segado la vida de más de cinco millones de personas, terminó oficialmente en 2003, pero la violencia continúa en provincias como Kivu del Sur, pese al despliegue de la mayor fuerza de paz de la ONU, con unos 22.000 militares.

Grupos rebeldes, de ruandeses, congoleños y ugandeses, ocultas en la jungla luchan a brazo partido con el ejército por el control de minas ricas en minerales como el oro, el coltán o el tantalio, muy demandados para la fabricación de teléfonos móviles.

En esa disputa, un arma de las milicias y del propio ejército congoleño para atemorizar a la población es el abuso sexual de la mujer, ya que, como ha denunciado Amnistía Internacional, violar es más barato que las balas.

Sucesos en el Congo

Un estudio publicado en 2011 en la revista médica, American Journal of Public Health, concluyó que unas 48 mujeres son violadas cada hora en la RDC, muchas en el violento Congo oriental.

Esa tragedia se palpa en Kitutu, localidad de Kivu del Sur en la que el verde de sus exóticas palmeras se funde con el verde del uniforme de soldados del ejército congoleño que patrullan la zona.

Allí encuentran cobijo y esperanza numerosas congoleñas violadas que forman parte de los 1,7 millones de desplazados por el conflicto en todo el país, como Kungwa Kyalwa, de 23 años y madre soltera de tres hijos, que nos dice:

"El FDLR tomó la aldea y la saqueó. A mí me violaron. Se llevaron tanto como pudieron. Quemaron toda la aldea. No quiero volver a la aldea. Tengo miedo. El FDLR sigue allí en la selva. Quiero estar en cualquier sitio menos allí".

Estas mujeres soportan con frecuencia no sólo el infierno íntimo de la desmoralización, sino el repudio público de sus maridos.

En este país es normal abandonar a la esposa si ha sido violada. El estigma social es un verdadero problema, declara a Irene Danysh, coordinadora de programas de la organización humanitaria checa, People in Need en Kitutu.

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