Un español que vive en Japón: "La crisis nuclear no ha acabado y quedan cosas por salir a la luz"

  • David Esteban, un ingeniero de 32 años, relata cómo se vive en Japón un año después del terremoto que arrasó el noreste del país.
  • El español cuenta que el pueblo japonés ha perdido confianza en el Gobierno nipón y reclama "información fluida" sobre el desastre nuclear de Fukushima.
  • Este domingo se cumple el primer aniversario de la catástrofe que dejó 20.000 víctimas y que, según Esteban, mantiene en alerta a los japoneses.
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Vista general de una zona de la localidad de Onagawa, prefectura de Miyagi, unas de las zonas de Japón más afectadas por el terremoto y posterior tsunami.
Vista general de una zona de la localidad de Onagawa, prefectura de Miyagi, unas de las zonas de Japón más afectadas por el terremoto y posterior tsunami.
EFE

Las imágenes hablan por sí solas. Un año después de la catástrofe, en las calles del noreste de Japón apenas quedan escombros que traigan a la memoria el terremoto y posterior tsunami que arrasó ciudades enteras y dejó 20.000 víctimas tras de sí. Este domingo se cumple un año del desastre natural y en el país hay "muchos sentimientos mezclados".

"El día a día parece el mismo de siempre, en el metro, las calles o las oficinas las cosas parecen no haber cambiado, pero cuando profundizas y hablas con la gente, ya sean japoneses o extranjeros viviendo en Japón", se puede apreciar "un sentimiento de decepción hacia Tepco (propietaria de la central nuclear que provocó el mayor desastre nuclear desde Chernóbil) y el propio gobierno que ocultó datos en su momento y lo sigue haciendo", cuenta David Esteban Inés, un ingeniero informático que se marchó a Japón en 2005 con una beca de doctorado del Gobierno nipón.

Cuando el 11 de marzo de 2011 a las 14.46 hora local (7.46 hora peninsular española) un devastador seísmo de intensidad 9 en la escala Richter arrasaba las provincias de Iwate, Miyagi y Fukushima, en la región de Tokohu, este español de 32 años se encontraba en España dando una ponencia sobre emprendimiento en Asia Oriental. "Mi primer impulso fue volver cuanto antes a Japón", narra en una entrevista por email. Dos semanas después, en cuanto acabó sus obligaciones laborales, volvió a Japón "con más ganas que nunca".

Si el terremoto de Japón acabó con las casas y los bienes de decenas de miles de familias, también consiguió unir a sus ciudadanos. "Los japoneses se sienten orgullosos de haber reaccionado ante la catástrofe con organización y solidaridad", cuenta el español. "Actuaron unidos cuando más lo necesitaban, son conscientes de ello y se sienten orgullosos."

La catástrofe ha pasado factura más allá de lo material. En un año, los nipones han conseguido reconstruir gran parte de los daños materiales, pero ha habido un cambio de mentalidad. "El ejemplo más evidente es que la fé en ciertas instituciones se ha perdido", ha percibido David Esteban según sus vivencias de los últimos meses. "La mayoría de los japoneses confíaba mucho en sus infraestructuras y sus Administraciones, tras lo sucedido, han desarrollado cierto grado de desconfianza", añade.

La razón es la "sensación de falta de información" que, aunque no llega al punto de "generar crispación" entre los japoneses, sí que provoca "incertidumbre" y una pérdida de "credibilidad de ciertas instituciones".

Reacción contra la energía nuclear

"No olvidemos que la crisis nuclear en la zona aún no ha acabado y quedan muchas cosas por salir a la luz", reflexiona el ingeniero informático que va recopilando sus vivencias en Asia en su blog y  su cuenta de Twitter (@Flapy).

La ciudadanía reclama más "información real y fluida" a la par que un mayor compromiso de las instituciones con los refugiados. "Aún los hay", apunta Esteban. No obstante, el español asegura que la rutina de la vida cotidiana se ha recuperado en un grado más que aceptable. "Yo viajo mucho", indica, pero sus amigos "que viven permanentemente en Tokyo creo que no han tenido ningún problema directo tampoco, más allá del estar atentos a lo que se va diciendo en los medios con respecto al asunto".

Las cicatrices del terremoto se dejan ver en el aspecto de las ciudades y pueblos afectados, pero también en una especial sensibilidad a los temblores de tierra. El pueblo japonés, acostumbrado a frecuentes seísmos, actuaba con naturalidad. "El curso de cómo afrontar un terremoto te lo daban al entrar a la universidad o al censarte en tu ciudad sí o sí", explica David Esteban. "En cambio ahora, la gente está más sensibilizada y alertada", apunta.

La desconfianza en las instituciones se ha extendido a la energía nuclear. El desastre de la central de Fukushima, que emitió una cantida de partículas radiactivas no especificada, justificó que se decretara el estado de "emergencia nuclear" y que estableciera un perímetro de aislamiento de 40 kilómetros. Ahora, "las campañas en contra de la energía nuclear, como era de esperar, se han intensificado y se camina más rápido hacia el uso de energías alternativas", cuenta el ciudadano español que a pesar de lo vivido, no se ha planteado regresar a España de forma permanente.

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