Barco hundido
Imagen de archivo de un barco hundido. Archivo

Apenas unos días después de que el disputado tesoro de la Santa Mercedes reclamado por la compañía Odissey llegara a España, arqueólogos y buzos filipinos han hallado un galeón español junto a la carga de objetos que transportaba cuando se hundió hace cientos de años frente a la costa de la isla de Panay, según fuentes oficiales.

El Instituto de Historia está trabajando para aclarar de qué nave se trata El portavoz del servicio de guardacostas de Filipinas, Alger Ricafrente, explicó que el pecio se encuentra a 33 metros de profundidad y que en su localización han participado varios expertos contratados del Museo Nacional y buceadores de la Fundación de Extremo Oriente para la Arqueología Náutica, con sede en Manila.

Para localizar el lugar exacto en el que se hundió el barco, se pidió ayuda al servicio de guardia costera. Después, los expertos se sumergieron a una profundidad de unos 33 metros para hacer sus investigaciones, tomar muestras y hacer fotografías, señaló Ricafrente.

El portavoz del servicio de guardacostas señaló que la nave, de cuya antigüedad y mercancía es desconocida hasta el momento, está parcialmente cubierta por la arena .

El portavoz señaló que aún no se sabe exactamente de qué siglo es, pero se sabe que data de la época colonial española. Tampoco se conoce la causa del hundimiento. Por ello el Instituto de Historia está llevando a cabo una investigación para aclarar dichos misterios.

Antecedentes de los galeones

Los galeones españoles que unieron Manila y Acapulco entre 1565 y 1815 facilitaban el comercio entre Asia y Europa. Las naves llegaban a Manila cargadas de plata, chocolate o maíz traídos de México y se intercambiaban por especias, textiles y mercancías exóticas.

En 1992 un arqueólogo francés encontró frente a las costas de la isla filipina de Fortuna, a unos 100 kilómetros al sur de Manila, los restos del galeón San Diego, hundido en el año 1600 por un buque de guerra holandés.  El San Diego contenía unos 6.000 objetos de la época y muchos de ellos valiosos, por los que el Gobierno español pagó 800 millones de pesetas (4,8 millones de euros), en 1999.