Echanove
El actor Juan Echanove, protagonista de 'Desaparecer'. EFE

Su patria es su maleta, su religión la gastronomía y el teatro su vida. Juan Echanove tiene las cosas muy claras por eso no titubea tampoco al decir que la cultura sirve para sofocar la perversión, la que encarna en la obra con la que vuelve a trabajar con Calixto Bieito, Desaparecer, y que estrena el día 7.

Desaparecer es una co-producción con el Teatro Romea y el Festival de Barcelona, Grec, donde se estrenó el pasado verano, a partir de textos de Edgar Allan Poe, traducidos por Julio Cortázar, y "reinterpretaciones" de Robert Walser, que, tras pasar por distintos lugares de España, llega ahora a La Latina, donde estará sólo tres semanas.

Hay tres directores a los que nunca diré 'no' porque la experiencia que he tenido con ellos va más allá del trabajo y son Bieito, Lluis Pasqual y José Luis Castro"Hay tres directores a los que nunca diré 'no' porque la experiencia que he tenido con ellos va más allá del trabajo y son Bieito, Lluis Pasqual y José Luis Castro", explica el popular actor (un asiduo de la televisión con series como Cuéntame o Un país para comérselo).

Fue Bieito (durante 10 años director del Teatro Romea) el que propuso a Echanove (Madrid, 1961) que transportara a la escena el "miedito", el vértigo y la perversidad de un ser "extremo".

Echanove recrea a un individuo, sin dejar muy claro si está muerto o lo va a estar muy pronto, que "vomita" una vida de crímenes "horrendos".

Su personaje dialoga con la cantante de rock y compositora mallorquina Maika Makosvski, "una de las más pujantes promesas de la música española de los últimos tiempos, con un talento fuera de lo común", según el actor, que interpreta al piano en directo temas que se incluyen en su disco del mismo título.

"Acepto todo lo que me propone Bieito porque no es convencional, es como un espejo, en el que te miras y te responde cómo eres como actor. Es muy expuesto trabajar con él", detalla Echanove, que ha estado varios meses levantándose a las cuatro de la mañana para estudiar el papel y compaginarlo con sus trabajos en televisión.

"No es una obra en la que puedas acomodarte, pensando sólo en el aplauso. No es un texto teatral, sino literario y la precisión en el decir tiene que ser de un cien por cien porque cualquier adjetivo o adverbio cambiado modifican el personaje", detalla.

No es una obra en la que puedas acomodarte, pensando sólo en el aplausoAsegura que tras la hora y cuarto de "catarsis brutal" que vive en escena, "con todos los turbos encendidos", deja a su personaje a un lado "absolutamente".

"Dejarte llevar por aquellos a los que interpretas es el acto más grande de soberbia de un actor y yo ni soy soberbio ni tengo la mínimo intención de acomodarme en su perversión. Trabajo con unos explosivos muy volátiles y, si no tienes cuidado, pueden explotarte en la cara", revela.

Valora, por encima de todo, "lo cotidiano", que le es imprescindible en un mundo privado en el que tomar "un cafelito" con sus amigos y las tertulias y las charlas "sin más" ocupan un lugar muy importante aunque lo que más le guste es viajar y la gastronomía.

"En mi trastero tengo 15 maletas rotas que no me atrevo a tirar. Mi patria es una maleta. Me siento un ciudadano del mundo. Soy de una maleta, no de una patria", reivindica.

Soy de una maleta, no de una patriaNo para y, de momento, no va a parar, así que se reincorporará a Cuéntame cuando empiecen a rodarse nuevos capítulos, ("allá por mayo o junio creo"), seguirá en la radio y dedicado a difundir la gastronomía española, su "religión", aunque, afirma, de lo único que no puede prescindir es de subirse en un escenario.

"Soy enormemente convencional pero, claro, soy actor", resume riéndose.

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