Entre la alegría y la alergia baila la ‘r’

Por qué gritas tanto? «Porque la gente no se entera», Manolo, el del Bar Correo, responde a la pregunta a voces, claro.
Manolo Carrasco, el del Correo, nos ofrece una de sus famosas cañas.
Manolo Carrasco, el del Correo, nos ofrece una de sus famosas cañas.
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Le pasa lo mismo que a las palabras alegría y alergia, que, aunque tengan las mismas letras, un pequeño saltito de la r las convierte en cosas diferentes, casi contrarías. Manolo igual. Un día te puede parecer un hombre un poco borde y otro… el hombre más borde que pueda haber detrás de una barra.Y, sin embargo, el Correo siempre está repleto.

Bueno, llenar el bar no es complicado, porque grande no es. Lo impresionante es ver la calle Jesús María hasta arriba de personas con las cervezas tiradas por Manolo en la mano.

Dice que el 90% del mérito lo tiene su ubicación, en una de las esquinas de Las Tendillas: «El encanto es la calle, la sensación de libertad de poder tomarte tu cervecita al sol, viendo pasar a la gente… También supongo que la calidad de la cerveza influye (aquí Manolo se pone modesto)».

Después de casi dos años en Córdoba, he aprendido dos cosas del Correo: que no se sirven «combinados» («cuando hay mucha bulla no te puedes entretener», asegura) y que tiene algo de ruleta rusa. Llegas. Pides tu cerveza. Te apoyas en la barra y esperas. ¿A quién le tocará hoy la china? ¿Con quién se meterá Manolo? La adrenalina se dispara y ¡huyyyy! Hoy arremete contra la cabeza de tu amigo. Quizá por eso vamos tanto al Correo, para ponerle algo de riesgo a nuestras vidas.

Al grano. Manolo Carrasco nació en Córdoba en el año 1958. Desde que era un mico anduvo enredando en el Correo. El bar lo abrió su abuelo el 25 de mayo de 1931. Luego pasó a su padre y, cuando murió, Manolo se hizo cargo. «Desde que se inauguró no hemos cambiado prácticamente nada, sólo hemos hecho las reformas que nos obligaba la ley». Y así se va a quedar. Va a conservar su esencia de pequeña tasca de barrio, asegura.

«Yo todos los días no los tengo buenos», responde con guasa cuando se le pregunta por qué se pone tan borde. Pero Manolo también tiene algo de tierno. O eso me pareció cuando le pregunté dónde conoció a su compañera. Con ella trabaja todos los

días codo con codo (no es una expresión hecha, es cuestión de espacio). Y con ella se irá a Málaga cuando se jubile y cierre por última vez la persiana del Correo.

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