¡Qué pesadez de nacionalistas vascos y catalanes! Lo peor es lo pesados que son. Son como niños, todo el día hay que estar hablando de ellos. Y eso es lo que les da tanto poder. Si los ignoráramos, desaparecerían como desaparece el azúcar en el café. Cuando quieran hablar de sus cosas, que se autoescuchen.