'Esposizione in tempo reale num. 4', 1972
Collage del italiano Franco Vaccari © Franco Vaccari, property of the Artist

Tal como lo conocemos, el fotomatón fue patentado en 1926 un tal Anatol Josepho, un emigrante ruso establecido en Nueva York. Instaló en la calle Brodway una primera máquina (ocho fotos en ocho minutos por 25 céntimos) y, dado el éxito, vendió el invento a un grupo de inversores por un millón de dólares.

Nadie esperaba que casi un siglo después la cabina de fotos automáticas siguiese viva y, pese a la invasión digital, sin ánimo de desaparecer del todo. No se trata sólo de que la necesitemos para unos retratos instantáneos que nos piden en un trámite administrativo, sino de la capacidad de la máquina para convertir en poesía e historia un instante, una carcajada, una noche de amor...

Cualquier cosa es posible

El inmenso poder del fotomatón tiene que ver con el "aislado espacio" del interior de la cabina, un "pequeño mundo aislado" y subyugante donde cualquier cosa parece posible. Esta es la premisa de la exposición Derrière le rideau - L’Esthétique Photomaton (Tras la cortina - La estética del fotomatón), que exhibe hasta el 20 de mayo el Museo de L'Elysée de Lausana (Suiza).

Los organizadores no han seguido un críterio meramente fotográfico para la gran antología. Entre las 600 piezas de 60 artistas que pueden verse en la muestra no sólo hay imágenes tomadas en fotomatones, sino también cuadros, litografías, vídeos o fotos sacadas con otras cámaras pero siguiendo la estética típica de las cabinas: retratos yuxtapuestos en tiras o cuadrados, idénticos o levemente diferentes.

Derrière le rideau establece que los primeros fotomatones instalados en París, en 1928, ya despertaron el interés de los surrealistas, que los utilizaron "compulsivamente" como una forma de llevar a la fotografía sus ideas sobre la escritura automática.Jugar con la identidad, contar historias o crear mundos A partir de entonces, generaciones enteras de artistas se han sentido fascinadas por el concepto del fotomatón (...) Muchos lo usaron para jugar con su identidad, contar historias o crear mundos", añaden los responsables de la exposición.

La muestra está dividida en seis secciones: La cabina, sobre el espacio "confesional" y su capacidad de invitarnos a hacer "revelaciones íntimas" en un lugar, generalmente público (estaciones, tiendas...), que se convierte en "mundo entre lo privado y lo público"; El automatismo, que permite al autor "desvanecerse tras la tecnología" y "aceptar sus posibles errores"; La tira como forma de "reconstruir espacios temporales improbables" similares a los del cine.

La identidad, tema central

Las otras tres secciones, ¿Quién soy yo?, ¿Quién eres tú?, ¿Quiénes somos? , permiten la contemplación de obras donde los temas centrales son la identidad (implícita en la idea del fotomatón, donde el retratado se muestra tal como es o como desea que le vean), el espejo o la naturaleza de nuestras relaciones con los otros.

En Derrière le rideau hay obras de los miembros más destacados de los movimientos surrealista y Fluxus, así como piezas de, entre otros, Lee Friedlander, Andy Warhol, Richard Avedon, Cindy Sherman, Jacques - Henri Lartigue y Gerhard Richter.