Antoni Tàpies, uno de los últimos pintores de vanguardia

Antoni Tàpies, junto a una de sus obras.
Antoni Tàpies, junto a una de sus obras.
EFE

Un artista total, uno de los últimos artistas de la vanguardia europea. Un hombre de la cultura en su más amplia expresión. Su experimentación formal, sus posiciones teóricas y políticas y sus amplias colaboraciones con otros artistas -poetas, como Brodsky o Gimferrer- hicieron de Antoni Tàpies uno de los pintores españoles del siglo XX más reconocidos internacionalmente.

Tàpies (Barcelona, 1923), que falleció este lunes en su ciudad natal a los 88 años, ha sido un artista que resume la modernidad española y que la conecta con la vanguardia ilustrada europea de su siglo. Desde su origen, burgués y culto, su capacidad de experimentación formal con la materia pictórica le situaron a la altura de contemporáneos suyos como los artistas adscritos a la corriente del arte povera.

Tàpies comenzó a interesarse por el arte a raíz de una grave enfermedad que le postró durante bastantes meses. De esta forma comenzó a perfilar sus primeros bocetos, una afición que fue a más una vez comenzó sus estudios universitarios, que por cierto nunca terminó. Sus primeras exposiciones datan de los años 40 del siglo pasado, en una España (páramo cultural) en la que hacer arte con pretensiones era una osadía.

En la década de los cuarenta, además, participa en la fundación de Dau al set, una de primeras y más importantes revistas de vanguardia de la posguerra española, y en la que participaron, entre otros, el poeta visual Joan Brossa o el estudioso de la simbología artística, y también excelente poeta, Juan Edurdo Cirlot.

Las influencias de Tàpies abarcan desde Joan Miró hasta el misticismo y Paul Klee. Con el paso de los años, el arte de Tápies fue evolucionando hacia la abstracción y la diversidad de técnicas. Aspectos que confluyen en un gusto y obsesión por la materia que fue, al cabo, lo que le puso en un lugar preminente en los manuales de arte contemporáneo.

Compromiso político

La obra de Antoni Tàpies ha sido permeable a los acontecimientos políticos y sociales del momento, y a finales de los años sesenta y principios de los setenta, su compromiso político contra la dictadura se intensificó, con obras de un marcado carácter de denuncia y protesta.

En los inicios de los ochenta, el interés de Tàpies por la tela como soporte adquirió una fuerza renovada y durante esos años realizó obras con gomaespuma o con la técnica del aerosol, utilizó barnices y creó objetos y esculturas de tierra o de bronce, al tiempo que se mantuvo muy activo en el campo de la obra gráfica.

A finales de los años ochenta, Tàpies reforzó su interés por la cultura oriental, una preocupación que ya se había ido gestando en los años de la posguerra y que se convirtió cada vez más en una influencia filosófica fundamental en su obra.

No ha sido menor su trabajo como ensayista, que ha dado lugar a una serie de publicaciones, como "La práctica del arte" (1971), "El arte contra la estética" (1977), "Memoria personal" (1983), "La realidad como arte. Por un arte moderno y progresista" (1989), "El arte y sus lugares" (1999) y "Valor del arte" (2001).

El MOMA lamenta la muerte de un 'héroe' del arte

El Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York lamentó la muerte del pintor español Antoni Tàpies, sobre quien manifestó que "se ha ido uno de los grandes héroes del arte del siglo XX". La comisaria de pintura y escultura del MoMA, Ann Temkin, afirmó que Tàpies fue un gigante del arte contemporáneo cuyo legado hará "que se mantenga vivo a pesar de su muerte".

También los críticos de arte Victoria Combalia y Tomas Llorens, así como la exdirectora del Museo Reina Sofía, María Corral, han coincidido en calificarle como "el artista español más importante de la segunda mitad del siglo XX".

Gran conocedor de la obra de Tàpies, admirador y amigo del artista, Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, considera que el artista fallecido hoy a los 88 años ha sido una de las figuras más completas, que ha llenado la vida cultural española durante más de medio siglo. "Pocos artistas en el siglo XX han sido capaces de crear un mundo como él fue, con un elemento personal que es muy característico", ha manifestado.

Para él, la practica del arte siempre ha tenido un importante carácter ético, ha destacado Borja-Villel: "Quería que su obra curase a la gente, pero no desde el punto de vista de un artista romántico que quiere cambiar el mundo, sino creando comunidades de afectos".

"Se trata de estimular que la gente vea con mucho respeto cualquier cosa de la vida, no solamente los grandes hechos o las grandes retóricas, sino que la profundidad de la conciencia, del espíritu, puede estar en las cosas más pequeñas y banales".

Amable, genial, cercano, Tàpies trabajó hasta el último momento en su estudio en el que, confesaba, cuando entraba y se situaba delante de una tela en blanco, se olvidaba de todo y se dejaba llevar por su instinto. "No tengo programas estudiados, es puramente lo que me inspira. Yo soy el primer espectador de mis obras y también puedo juzgar si va bien o no va bien la cosa", contaba.

A pesar de haber recibido multitud de galardones, a Tàpies no le interesaban los honores sino "hacer algo que interese a los demás". Y lo logró trabajando con todo tipo de materiales y técnicas en unas obras que eran para él una búsqueda espiritual y una meditación.

La muerte del artista ha sobrevenido mientras la Fundación Tàpies preparaba desde hace meses una gran retrospectiva sobre su obra, comisariada por el valenciano Vicent Todolí, con la previsión de ser inaugurada en el verano de 2013.

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