Un surfista en Barcelona
Un surfista espera las olas en la playa de la Barceloneta. Efe

Surcar las olas con la tabla de surf en Barcelona es tarea harto complicada. Y el natural estado calmo del Mediterráneo no tiene la culpa. En verano, por respeto a los bañistas y en inverno, por la ordenanza de Convivencia, que establece sanciones de entre 750 y 1.500 euros cuando no se respeten "las señalizaciones sobre las condiciones y lugares de baño" o haya "bandera roja".

"Las olas, para nosotros, son buena mar", lamenta Fred Chiodi, una de las tablas habituales del litoral barcelonés. Y, si bien entiende las restricciones estivales, no le parece bien que en inverno se les considere "bañistas, cuando en realidad no lo somos. Practicamos un deporte náutico y necesitamos las olas", precisa a 20 minutos. Lamenta que en la capital catalana se haya multado a algunos surfistas de la Barceloneta por hacer caso omiso de las indicaciones de la Guàrdia Urbana, que les recomendaba salir del mar por el "oleaje".

Las olas, para nosotros, son buena mar Movidos por el club Surfers Maresme y el grupo Fred Maresme de Facebook, practicantes de este deporte han realizado ya varias protestas. Y harán más. La próxima está prevista a finales de febrero.

Fuentes del Ajuntament de Barcelona han indicado a su vez que, por el momento, no existe ninguna denuncia a surfistas. "No hay voluntad de multar; lo que se intenta hacer es protegerlos", han añadido.

Los surfistas no están de acuerdo porque, según explican, "somos personas centradas". Y recuerdan que "nadie mejor que nosotros sabe dónde va a romper una ola o si estamos capacitados para subirnos a ella", asegura Chiodi.

El presidente de la Federación Española de Surf se reunió con el Ajuntament hace unas semanas. Y según han contado desde la asociación, el consistorio se "mostró predispuesto" a estudiar el problema. Una de las soluciones podría ser que los surfistas se federaran. La licencia cuesta 60 euros el primer año, y unos 30 euros si se pertenece a un club.

Tal y como el Ajuntament reconoce, las playas de Barcelona son usadas durante todo el año, siendo la primavera y el verano las estaciones de mayor demanda. Por este motivo, hay actividades que no se pueden realizar en esos meses, como pasear perros, gatos y otros animales de compañía. La limitación se extiende entre Semana Santa y septiembre.

Se estima que unas 2.000 personas practican surf en las playas catalanas.

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