Una Biblia
Un ejemplar de la Biblia en una exposición en la Universidad Pontificia de Salamanca. ARCHIVO

La lucha por el reconocimiento de las personas homosexuales en el seno de la Iglesia Católica se libra en varios frentes: el de la aspiración personal, el de la reivindicación colectiva y el de la batalla de las ideas. Los dos primeros ya han sido tratados extensamente aquí y aquí; en este artículo nos centraremos en el último.

La batalla de las ideas es ni más ni menos que las querellas entre las diferentes interpretaciones de los textos sagrados. El Viejo y el Nuevo Testamento, como sucede con los libros de otras religiones monoteístas, presentan ciertas dificultades: contienen frecuentes pasajes ambiguos, su redacción es anónima o fruto de varias manos y la mistificación de su sentido original ha pasado por muchas fases a lo largo de la Historia.

El catolicismo también lo está en cuanto a la interpretación de los pasajes bíblicos que condenan la homosexualidadEl catolicismo, dividido 'en familias' respecto a la homosexualidad, también lo está en cuanto a la interpretación de los pasajes bíblicos que sirven de argumento de autoridad para sostener una u otra postura. Al mismo tiempo que voces en la sociedad, y también dentro de la Iglesia, exigen una modernización de los dogmas, cada vez son más los teólogos y exégetas que ofrecen interpretaciones que difieren de las canónicas.

Evaristo Villar, teólogo adscrito a Redes Cristianas, lo explica así: "No se puede seguir interpretando las sagradas escrituras de forma ingenua". Una forma "ingenua" es, por ejemplo, seguir a pie juntillas la ley natural; otra, dar más peso a la tradición que a la construcción histórica del ser humano.

"Jesús", razona Villar, "guardó silencio ante un fenómeno [la homosexualidad] que él conocía; para Jesús había cosas más importantes, como la dignidad del ser humano". Es precisamente ese "silencio" de Jesús sobre la homosexualidad lo que reivindican las teologías más progresistas para pedir al Vaticano que mueva ficha.

Es precisamente el "absurdo legalismo de la Iglesia oficial" lo que, en opinión de los teólogos y sacerdotes proclives al matrimonio homosexual, impide que muchas personas se acerquen a la palabra de Dios. Frente a quienes piden una apertura teológica en estos asuntos están aquellos que, basándose en explicaciones más literales -restrictivas y fundamentalistas- de los textos sagrados, siguen considerando la homosexualidad como "intrínsecamente desordenada".

A continuación, varios ejemplos de pasajes que suscitan controversias acerca de la homosexualidad; un aperitivo, en realidad, pues la teología gay o, más propiamente, la teología progresista, no se limita a reinterpretar pasajes concretos, sino que hace una lectura alternativa de los textos sagrados en toda su extensión.

Sodoma y Gomorra

Es uno de los pasajes del Génesis (el 19) más controvertidos e influyentes de la historia del cristianismo. Los sodomitas (gentilicio de los habitantes de Sodoma, convertido luego en sinónimo del hombre que practica sexo con otro hombre) acuciaron a Lot, hermano de Abraham, y a su familia para que les dejaran conocer a los dos "varones" que se alojaban en su casa (en realidad, ángeles enviados por dios para destruir la ciudad).

El pecado de Sodoma fue una falta contra el sagrado deber de la hospitalidadAnte la negativa de Lot ("tengo dos hijas que no han conocido varón;  os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere;  solamente que a estos varones no hagáis nada"), los sodomitas cargaron contra éste -por extranjero- , su familia y sus dos invitados. Tras estos hechos, Dios proyectó su ira contra Sodoma (y también contra Gomorra), destruyéndola con "azufre y fuego".

El episodio de la destrucción de Sodoma, según la interpretación moderna basada en métodos histórico-críticos (el usado por los teólogos para acercarse a los textos sagrados) no puede ya considerarse, como se hizo durante muchos siglos, una condena de de los actos homosexuales.

El pecado de Sodoma fue, en realidad, una "falta contra el sagrado deber de la hospitalidad". Condenar la homosexualidad aferrándose a este pasaje bíblico es, como dice Villar, "poco convincente". Si bien, sigue habiendo interpretaciones, de centro de teología cercanos al Opus Dei, por ejemplo, que siguen considerando este episodio como un caso 'de manual' para sostener posiciones contrarias a la homosexualidad.

El Centurión de Cafarnaún

El milagro de la curación del siervo de un centurión por parte de Jesús -narrado, con variaciones, por los cuatro evangelistas- es uno de los pasajes del Nuevo Testamento que algunos teólogos aducen para afirmar que Jesús tenía una concepción positiva de la homosexualidad, a pesar de que implícitamente no la mencione.

Jesús, según la interpretación progresista, curó al amante de un centurión romano sabiendo que lo eraLa historia, tal y como la recogen los evangelios, sucedió así: un militar romano de alto rango (seguramente perteneciente a las huestes de Herodes) que había oído hablar de Jesús, solicita su ayuda para que cure a su siervo, fatalmente enfermo. El centurión no conocía personalmente a Jesús, pero sí sus milagros, y finalmente venció su renunencia y le llamó a sus aposentos. Jesús obró el milagro y el siervo del centurión salvó la vida, quedando todos agradecidos al "hijo de Dios".

El quid de la cuestión de esta historia es el término griego 'pais', que aparece en la versión del evangelista Mateo, y que podía significar al mismo tiempo esclavo, hijo y también amante (casi siempre joven). Las interpretaciones clásicas del pasaje no han prestado mucha antención, más bien todo lo contrario, a uno de los casos que la denominada teología gay suele reivindicar con más empeño.

Lo que dice el 'Levítico'

El Levítico es uno de los libros del Antiguo Testamento. Es un libro oscuro y de difícil interpretación que, en lo que atañe a los usos y reglas morales, ha sido de vital importancia para el sostenimiento de la tradición dentro de la Iglesia, si bien pocos hoy las observan (nadie deja de comer crustáceos ni hace apología de la esclavitud poniendo como fuente de inspiración el Levítico).

Lo escrito en el Levítico ha sido usado históricamente para sancionar la homosexualidad en el seno de la Iglesia"No te echarás con varón como con mujer; es abominación" (Levítico, 18:22) es uno de los mandamientos más duros, y repetidos, contra la homosexualidad. Pero las interpretaciones de la teología progresista neutralizan la dureza de esta afirmación bíblica de dos formas.

Por un lado, considerando que lo contenido en el Antiguo Testamento debe ser siempre filtrado a la luz del Nuevo. Por otro, acudiendo al original en hebreo de la palabra clave del pasaje: 'abominación' ('toevah'), cuya significado no es el que habitualmente se usa (como el de 'algo muy desagradable'), sino el de "impureza ritual".

Así pues, según esta visión más laxa de las escrituras, la supuesta condena de la homosexualidad contenida en el Levítico no es tal, sino una advertencia sobre cuestiones relacionadas con el ámbito de lo puramente sagrado.