'Body of Dominick Didato, Elizabeth Street, New York, August 7, 1936
Una de las fotos de Weegee que se exponen en Nueva York © Weegee/International Center of Photography.

Vivía de noche por motivos profesionales: es de noche cuando se comete el mayor número de crímenes. No es exagerado afirmar que cada gota de sangre derramada violentamente en Nueva York durante entre 1935 y 1946 fue iluminada por su flash y retratada por su cámara.

Weege (1899—1968) no apagaba nunca la emisora con la que interceptaba las comunicaciones de la Policía. En cuanto escuchaba una alerta sobre homicidios, reyertas, peleas o incendios, se ponía en movimiento.

Weegee, 'ouija'

Que llegase a los escenarios de los sucesos con mayor rapidez que los policías era una simple cuestión de supervivencia y no tenía que ver, según el rumor con dotes adivinatorias (Weegee eligió su seudónimo, una interpretación fonética inglesa de la palabra ouija, para burlarse de quienes opinaban que tenía contactos con el más allá para oler la violencia).

Lo cierto es que la intuición de Weegee era de raíces más prosaicas. Tenía que ser el primero porque no trabajaba en plantilla de ningún periódico: se movía como un free lancer para quien llegar antes se traducía en dólares y llegar más tarde en perder el viaje. La competencia era muy feroz en aquellos tiempos, cuando en Nueva York ocho diarios se peleaban por seducir al público y robarle lectores a los rivales.

Uno de los lemas que le gustaban era Murder is my Business (El crimen es mi negocio). Con ese título se están exponiendo desde el viernes pasado en Nueva York más de un centenar de las tremendas fotos de sucesos que hizo en la ciudad. La muestra está organizada por el International Center of Photography.

Todas las formas de violencia

Crímenes de pandilleros o mafiosos, violentos choques de automóviles, peligrosos incendios en viviendas de apartamentos, asesinatos premeditados o sin alevosía..., todas las formas de violencia fueron retratadas por el fotógrafo, nacido como Arthur Fellig en Lemberg, ciudad que por entonces pertenecía a Austria y ahora es parte de Ucrania, y emigrado con su familia a Nueva York en 1909.

Afirmaba que había retratado 5.000 crímenes. No es demasiado exagerado Desde 1935 se convirtió en el más rápido y prolífico reportero de sucesos de la ciudad: afirmaba que había retratado 5.000 crímenes y los expertos opinan que no es una cifra demasiado exagerada.

Nunca se andaba con miramientos: su realismo era drástico y no obviaba la parte desagradable de todo crimen. Algunos diarios serios se negaban a publicar sus fotos y solamente los tabloides sensacionalistas las compraban con asiduidad a entre 20 y 35 dólares por unidad.

Una vez más, Weegee era pragmático: no mostaba directamente la sangre por razones de estilo. Lo hacía porque así lo querían sus clientes. "Retratar cadáveres es muy fácil", solía decir. "Los modelos nunca se mueven o se ponen de mal humor mientras haces la foto".

Un 'outsider' para los 'artistas'

Aunque era considerado un outsider por los fotógrafos artísticos, la obra de Weegee ha sido reivindicada con el tiempo por su impetuosa premura, que no era nunca sinónimo de pobre composición o malos resultados técnicos.

Sus dotes como reportero eran notables y sus artes de seducción, también. Mantenía buenos contactos en la Policía, pero también entre los malos y llegó a ser aceptado por gangsters como Bugsy Siegel y Lucky Luciano.

Era el más original de los fotoperiodistas de los años treinta y cuarenta "Weegee ha sido con frecuencia menospreciado por ser una aberración o un fotógrafo náif, pero lo cierto es que se trata del más original de los fotoperiodistas de los años treinta y cuarenta, sobre todo cuando se le compara con sus contemporáneos", dice el comisario de Murder is my Business, Brian Wallis.