Los directivos mintieron a los inversores mientras ellos se enriquecían con la venta de acciones

Lay, de 63 años, y Skilling, de 52 años, estaban a la cabeza de Enron cuando la firma se convirtió en la séptima mayor compañía de Estados Unidos.

Sin embargo, la reputación de la empresa comenzó a decaer por los insistentes rumores de pago de sobornos y tráfico de influencias para obtener contratos en América Central, América del Sur, África y las Filipinas.

Los hechos

Los dos directivos habrían mentido a los inversores  sobre el estado financiero de la compañía, mientras ellos se enriquecían a través de la venta de acciones por valor de millones de dólares.

A pesar de la decisión del jurado, que deberá ser ratificada por el juez, los responsables de la compañía negaron cualquier mala intención y acusaron a los fiscales de criminalizar un comportamiento corporativo normal.

Lay y Skilling insistieron en que Enron era una buena compañía y en que la empresa había quebrado por el pánico en Wall Street.

Lay y Skilling insistieron en que Enron era una buena compañía y en que había quebrado por el pánico en Wall Street

Todo ello, después de que se revelara que Enron había realizado acuerdos fuera de su contabilidad, manejados por el presidente financiero Andrew Fastow, para ocultar miles de millones de dólares en deudas y maquillar resultados.

Fastow se declaró culpable de dos cargos de conspiración y acordó testificar contra sus ex jefes a cambio de una condena en prisión de un máximo de 10 años.

Grandes escándalos corporativos

Enron fue el primero de una serie de grandes escándalos corporativos que involucraron a empresas como HealthSouth, WorldCom, Global Crossing y Adelphia.

Tras el escándalo, se aprobó la ley Sarbanes-Oxley en 2002, que endureció los controles sobre los informes financieros y los requisitos para las auditorías.

Amigo de Bush

Bush no salvó a Enron a pesar de las súplicas de Lay, que fue uno de los mayores donantes de fondos de su campaña

Además, fue un hecho que empañó al gobierno del presidente George W. Bush, pues Lay había sido un aliado cercano de la familia del mandatario.

Sin embargo, el gobierno de Bush no quiso salvar a Enron, pese a las súplicas de Lay que fue uno de los mayores donantes de fondos para las campañas políticas del presidente.

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