Bob Dylan no se jubila
. Danny clinch/MOJO
.A Bob Dylan han intentado jubilarlo de modo expeditivo  (en 1965, el patriarca del folk de protesta Pete Seeger quiso cortarle los cables de fluido eléctrico para que no siguiera tocando rock y regresara al redil), con maneras sinuosas (la crítica le consideró acabado en los ochenta, cuando abrazó con ardor un cristianismo integrista y flamígero) e incluso con viboreo de la peor calaña (alguna prensa se hizo eco de una supuesta dependencia de la heroína en los noventa).

El músico de Duluth (Minnesota-Estados Unidos), que hoy cumple 65 años, siempre ha respondido de la misma manera: trabajando. Mil canciones y 40 discos después de su debut –un nuevo álbum aparecerá este verano–, sigue empeñado en morir con las botas puestas.

Desde 1990 da más de 100 conciertos cada año en una gira de intenciones suicidas, incluso en el nombre: Never Ending Tour (el tour de nunca acabar). El 24 de junio llega a Europa para 20 bolos, 5 de ellos en España.

El promotor que le trae de nuevo, Gay Mercader, el mismo que organizó su primer concierto en el país, en 1984, cree que el secreto de Dylan es su carácter desabrido: «Afortunadamente es difícil sacar conclusiones con Dylan. Sigue siendo tan esquivo como siempre, pero es un gran tipo. Nunca me ha planteado problemas, ninguna extravagancia de estrella».

Mientras varios departamentos literarios vuelven a nominarle para el Nobel, como cada año desde 1996, Dylan celebra esta noche su cumpleaños con una nueva emisión, la quinta, de su flamante programa en la radio on line  XM (www.xmradio.com). Hablará de béisbol y música.

El heredero imposible

Desde hace décadas la industria se afana en buscar al ‘nuevo Dylan’, un ansia imposible. Uno de los candidatos a heredero, Bruce Springsteen, ha dicho: «Sin Bob, los Beatles no habrían hecho el Seargent Pepper, los Sex Pistols no habrían hecho God save the Queen y U2 no habría hecho Pride in the name of love».  Dylan precisa: «Yo sólo soy Bob Dylan cuando tengo que ser Bob Dylan».

1.200 páginas de poesía

Al fin. En septiembre, la editorial Global Rhythm Pres, de Barcelona, pondrá a la venta la primera edición bilingüe de todas las letras de las canciones de Dylan. El volumen (1.200 páginas) está traducido por el novelista Rodrigo Fresán, que no duda de la calidad literaria del autor. «Claro que Dylan merece el Nobel de Literatura. Mis candidatos son Philip Roth y él. La historia de la literatura soportaría la ausencia de Roth, pero el hueco de Dylan no lo llenaría nadie».

Adusto y peligroso.

Lo mejor: The times they’re a-changin (1964), social y austero, y Blonde on blonde (1966), mercurial, eléctrico y de altísimo vuelo poético. Todavía hoy, modernos.

Ortodoxo y perdido.

Lo peor: Shot of love (1981), atacado por el virus apostólico, y Down in the groove (1988), en el pozo del bloqueo creativo. Ni siquiera son dignos del olvido.

La gira española

Girona: Cap Roig, 6 de julio.

Valencia: Viveros,  7 de julio.

Villalba (Madrid): C. de fútbol, 8 de julio.

Valladolid: Pol. Pisuerga,  9 de julio.

San Sebastián: Playa de la Zurriola, 11 de julio.