Girona
Uno de los perfiles más conocidos de la ciudad, con la Catedral al fondo. ARCHIVO

La ciudad de "Gerunda" fue fundada por los romanos hacia el siglo I a.C. y siempre fue un centro de intercambio cultural y comercial. Este carácter comercial de Girona apareció especialmente durante la Edad Media convirtiéndose en una de las ciudades paradigmáticas en cuanto a la mezcla de culturas.

La muralla de la ciudad fue construida en la Edad Media y desde entonces ha sufrido varias remodelaciones. Dentro de ella, se puede observar un pedazo de vía romana que unía a Girona con Tarragona, y a esta ciudad con la mismísima Roma.

El recinto que cubre esta construcción es el casco antiguo o Barri Vell, donde se encuentra la judería, la catedral y casi todas las maravillas monumentales que guarda celosamente Girona. Desde sus muros se puede observar todo el casco y el paseo por ella es un ejercicio muy recomendable, ya que se presenta como el mejor mirador para observar la localidad en todo su esplendor.

Perderse en la judería

En la judería, el llamado "call", uno puede perderse en sus estrechas y envolventes calles. Además, se pueden contemplar los baños, los restos de las dos sinagogas y otras construcciones. El recorrido se puede completar con una visita al Museo de la Historia de los Judíos.

Casas del siglo XIX se sitúan cerca de la muralla, todas ellas pintadas con una variedad cromática en tonos pastel

    Si la presencia judía es importante, la árabe no lo fue menos y por ello se construyeron en 1194 unos baños públicos cuyo estilo es románico aunque se imitó la arquitectura árabe con estructuras califales que se han mantenido a lo largo del tiempo.

    En la Catedral de Girona, presidida por su larga escalinata, se mezclan diferentes estilos y elementos arquitectónicos: románico, gótico, renacentista y barroco. En su interior, que se muestra impresionante por su amplitud, se conservan diversas obras pictóricas y escultóricas, donde destacan las composiciones barrocas de sus retablos. De la Torre de Carlomagno a Sant Domènec.

    Otro de los elementos a destacar es la llamada Torre de Carlomagno. Es un campanario de estilo lombardo y es lo único que se conserva en perfecto estado del estilo románico.

    Esta iglesia también presenta como la catedral, una mezcla de estilos. Sant Feliú, la iglesia más antigua de la ciudad, guarda un conjunto de sarcófagos precristianos y el Cristo yaciente de Aloi de Montbrai, digno representante de la escultura gótica catalana.

    Otro de los edificios construidos durante la floreciente Edad Media gerundense es el edificio de Sant Domènec. Con un estilo gótico muy depurado y sobrio, este convento medieval se alza en la plaza del mismo nombre.

    Casas pintadas asomadas al Ter

    Girona es una ciudad tan especial que hasta sus casas conquistan. Así sucede con las situadas cerca de la antigua muralla que fueron construidas en el siglo XIX y pintadas con una variedad cromática en tonos pastel que ofrecen un toque de luz y colorido a los serios muros del pasado más remoto.

    En lo que se refiere a la arquitectura civil, dos son las visitas obligadas:  la plaza de la Independencia, en la ribera del río Oñar, y la Rambla de la Libertad, que es la entrada hacia la magia del casco antiguo gerundense.